“Una sociedad con mascarilla”

Ayuso quiere una tarjeta covid que es una buena idea salvo para el ministro Illa que, desde luego, no es un experto en cuestiones sanitarias

No hace mucho nos hubiera resultado impensable imaginar que nos tendríamos que refugiar tras una mascarilla. No hemos tardado en adaptarnos a esta realidad, lo de nueva lo dejo para los cursis que les gusta hacer la pelota al gobierno, y se ha convertido en una parte más de nuestra indumentaria. El abanico de posibilidades y diseños es tan amplio como divertido. He de reconocer que he optado por no caer en el aburrimiento de las quirúrgicas, porque nos uniformizan como si estuviéramos viviendo en una angustiosa distopía. El otro día, Rocío, mi encantadora farmacéutica, me regaló una muy bonita y elegante con flamencos sobre fondo blanco. Por ello, jubilé la que llevaba con unas simpáticas vespas. En este tiempo he ido cambiando, aunque la más arriesgada fue la que me trajo mi hija Elena que tenía un toque excesivamente femenino. No pasa nada y en cualquier momento la recupero, aunque por ahora me he encariñado de los flamencos. Hay que hacer un llamamiento al buen gusto, aunque respetando la seguridad que es lo más importante. ¿Es imprescindible que se opte por el frío modelo quirúrgico o debemos dar rienda suelta a la imaginación?

No hay más que ver la alegría que produce la imagen del personal sanitario enfundado de gorros o batas con dibujos y colores, incluso, si son chillones. Madrid se ha sumado a la necesidad de las mascarillas y es un acierto, aunque debería aprobarse una norma animando a que le gente sea osada para que no parezcamos una sociedad aburrida. La presidenta Ayuso quiere una tarjeta covid que es una buena idea salvo para el ministro Illa que, desde luego, no es un experto en cuestiones sanitarias. Unos pocos meses en un ministerio no convierten a nadie en conocedor de una materia tan complicada y en la que los profesionales adquieren esta condición tras estudiar una carrera, un doctorado, uno o varios master y cursos complementarios. No es el caso, también, de Fernando Simón que es sobre todo un portavoz metepatas y no un especialista, ya que su obra científica es más bien reducida. Estos dos fenómenos de la ciencia en mayúsculas no comparten la iniciativa de Ayuso y su equipo, donde si hay especialistas con una sólida trayectoria en estas materias. Es una lástima que la mascarilla no sirva para silenciar al licenciado Simón que podría aprovechar la oportunidad para mejorar su currículum y convertirse, por fin, en un especialista en estas cuestiones.