Ya es Navidad

¿Pero no hay otras cosas de las que ocuparse en estos lugares? ¿Está la pandemia controlada y se trata de un rebrote de ideas de bombero?

Salvador SasEFE

Ya sé que si miran a su alrededor a lo mejor no se lo parece, pero vamos al grano: ya ha empezado la Navidad. Preso de una especie de monomanía, el alcalde de Vigo, Abel Caballero, ha comenzado la instalación del alumbrado navideño en agosto. Galicia mágica, amigos, nuestro Macondo. Allí suceden las cosas con un destiempo literario, con un caminar a modiño que nos enamora. Lo que pasa es que empezar tres meses y medio antes igual es pasarse de real maravilloso. Será para que los operarios se puedan comer un helado (esto todavía no lo han prohibido) al bajar de la escalera. Si es que bajan, que con los gallegos queda la duda.

Viendo las Pascuas echársenos encima a toda velocidad no es de extrañar que también en Málaga comenzasen la instalación del alumbrado mientras se escuchan los últimos compases de la Feria siguiendo una especie de loca carrera de espíritu navideño. ¿Pero no hay otras cosas de las que ocuparse en estos lugares? ¿Está la pandemia controlada y se trata de un rebrote de ideas de bombero? Parece que en esto hay pico de contagios, porque los despropósitos navideños por adelantado también se han producido en Cataluña, donde se presentó la campaña de la «Grossa de cap d’any», vamos la Lotería de Navidad de la Generalitat, que lanzó un cartel publicitario con un mensaje bastante cuestionable y a un coste (medios locales han informado de 300.000 euros) polémico. ¿El lema elegido?: «Si no te gusta la distancia social, prueba con el ascenso social», que tiene muchos ecos pero un significado subyacente demoledor: la manera de ascender socialmente es si te toca la lotería. Si no, a viajar en el metro disfrutando axilas y contagios. O esto: tener un mejor futuro es cuestión de azar, chico, deja de perder el tiempo estudiando y trabajando. Y así podríamos seguir, pero todo mal. La Generalitat admitió que el mensaje no era adecuado y la ha retirado. Por cierto que este es un tema confuso, porque el Gobierno, con una mano, prohíbe la publicidad de las casas de apuestas, porque el juego es malo, mientras con la otra financia y ya está diifundiendo (en TVE) la muy insistente y «artística» campaña de la Lotería de Navidad. Es decir, que el juego es malo, salvo si es el mío. Es un poco contradictorio, pero de mí no esperen respuestas.

Por cosas así (básicamente esa mezcla de hipocresía y consumismo) luego me dicen que si me pongo como el Grinch cuando llega diciembre. Razones hay, me dirán que no. Y que conste que excepcionalmente comprendo que nos hayan entrado estas prisas por llegar a la Navidad: estamos deseando que acabe este (incluir perífrasis malsonante) año 2020 (aquí blasfemia opcional). Pero con todo lo que estamos viviendo, si hacemos las cosas chapuceramente justo en el año en que todo sale de ojete, nos podemos cargar esta venerable tradición de miles de años de historia. Torres más altas están cayendo. Bien pensado, por mi parte, no hay problema. Pero luego no digan que no hemos advertido.