Dos terraplanistas en busca del fin del mundo

Este abril, la pareja de venecianos, en plena oleada de covid-19, con el país completamente confinado, decidió emprender la aventura que finalmente demostraría que la tierra es plana

Los terraplanistas, aquellos que rechazan que la tierra sea redonda, existen. Pertenecen a un movimiento global que no se extinguió con la vuelta al mundo de Juan Sebastián Elcano. Sus seguidores parecen impasibles a Pitágoras, los globos terráqueos son una aberración y la NASA, la NASA mejor ni mentarla.

En febrero, el estadounidense Mike Hughes moría en su cohete casero intentando probar que la tierra era plana. Y esta semana se ha conocido que dos «terrapiattisti» partieron de Venecia para llegar a Sicilia y demostrar que vivimos sobre un plato. En varios artículos en internet, se sitúa a Lampedusa como el fin del mundo. No irónicamente, sino como el último lugar –en el imaginario terraplanista– que se halla al sur de Europa. Después, según quien lo escriba, estaría el «muro de hielo» o el «vacío».

Este abril, la pareja de venecianos, en plena oleada de covid-19, con el país completamente confinado, decidió emprender la aventura que finalmente demostraría que la tierra es plana. Desde el Véneto, sortean controles y llegan a Sicilia en coche. En el norte siciliano venden su vehículo para comprarse un barco. Partirían desde Termini Imerese hasta Lampedusa: debían dar la vuelta a la isla para luego bajar hacia el finisterre de los terraplanistas. Pero lo suyo no era la navegación. Y esta pareja de mediana edad apareció en la pequeña isla de Ustica, 50 km al norte de Palermo, sin agua, exhaustos y a punto de naufragar. Cuando les rescatan, se niegan a hacerse las pruebas de covid-19 porque –según ellos– en los hisopos hay mercurio. El alcalde y las autoridades del islote de 1.300 habitantes deciden que, debido a las restricciones por el coronavirus, lo mejor es que se encarguen del caso en Palermo.

La guardia costera italiana y los carabinieri los escoltan hasta la capital siciliana. Lo curioso, según ha narrado a «La Stampa» esta semana el médico de la Oficina de Sanidad Marítima de Palermo, Salvatore Zichichi, es que la pareja se orientaba «con una brújula, un instrumento que funciona sobre la base del magnetismo terrestre, un principio que ellos, como terraplanistas, deberían rechazar».

Ya en Palermo, les imponen una cuarentena de 15 días. A los dos días, los terraplanistas deciden saltársela y volver a emprender su odisea. Apenas unas horas más tarde, las autoridades los cazan sin prácticamente haber salido de puerto, terraplanistas veteranos sí, pero marineros novatos.

«Días después escapan de nuevo y se esconden en la casa de un mitómano que aseguraba ser positivo de covid, pero por suerte no lo era», recuerda el doctor Zichichi. Por lo que se les vuelve a imponer cuarentena y esta vez bajo vigilancia. Dos meses después de su llegada a Sicilia, y una vez que se levantaron las restricciones de viajes en Italia, la pareja vuelve a Venecia. No sabemos si ya convencidos de que la tierra es esférica.