Manual del apolítico, por Pedro Sánchez

Todos están permanentemente analizando las palabras y los gestos de Sánchez, no se dan cuenta que el presidente es muy apolítico cuando de tomar decisiones se trata.

El éxito de Pedro Sánchez no se fundamenta exclusivamente en la suerte, como algunos creen, sino en que es capaz de guardar sus intenciones, de tal manera que la contraparte no tiene nunca certeza de lo que va a hacer en realidad.

A día de hoy, ni Pablo Iglesias ni Inés Arrimadas saben con quién va a pactar los presupuestos. La mayoría de las personas son predecibles porque suele ser relativamente sencillo saber o intuir sus preferencias. A partir de ahí, si no hay duda sobre lo que se desea, consiste en usar la lógica para adivinar qué decisión se va a tomar en cada disyuntiva que se presente.

Pero nadie sabe cuáles son, en realidad, las ideas de Sánchez. De formar parte del sector más moderado del PSOE, pasó en pocas horas a enarbolar la bandera más izquierdista, de criticar duramente en sus tiempos de concejal a los sindicatos, a pactar con ellos lazos de sangre, o de trabajar intensamente, bajo las órdenes de Pepe Blanco, contra los independentistas, por ejemplo en Navarra, a llegar, de su mano, a la presidencia del Gobierno.

¿Es Pedro Sánchez un socialdemócrata a quién las circunstancias le han obligado a mostrar una versión más obrerista que, en realidad, detesta o tiene unas convicciones que van más allá de la izquierda que ha representado, tradicionalmente, el Partido Socialista?

Depende de si se considera lo uno o lo otro, se apostará a que el esfuerzo del líder socialista irá enfocado a pactar con Ciudadanos o a que reeditará el pacto de investidura con todos los regionalistas, nacionalistas, alguna rara avis parlamentaria que anda en peligro de extinción y, por supuesto, con los independentistas.

Además, puede permitírselo, no se desgasta. Cuando un día anuncia su predisposición a un acuerdo con los naranjas, Pablo Iglesias palidece, amenaza un poquito para terminar tragando quina y dar marcha atrás para que, en caso de que eso ocurriese, no encontrarse demasiado deslegitimado en el gobierno.

Cuando el número tres, Jose Luis Ábalos, afirma que prefiere pactar con aquellos que apoyaron la investidura o en el momento que Sánchez vuelve a poner de actualidad política la reforma del Código Penal para rebajar el delito de sedición, no son casualidades.

Arrimadas ha salido al paso amenazando con lo mismo que Iglesias, solo que lo suyo es peor, las disidencias internas por el acercamiento al PSOE crecen y, si finalmente se reeditase el acuerdo de investidura sería el ridículo más espantoso para ella.

Todos están permanentemente analizando las palabras y los gestos de Sánchez, no se dan cuenta que el presidente es muy apolítico cuando de tomar decisiones se trata.

Par él, no hay diferencia entre aprobar los presupuestos con el apoyo de Ciudadanos o el de ERC, lo importante es que salgan adelante con la imagen presidencial reforzada y, a ser posible, con todos los demás desgastados, porque Sánchez no ve la política con los prismáticos de largo alcance de las ideas, sino con los binóculos para cerca.

Por esa razón tiene éxito Sánchez, nadie sabe lo que piensa.