Viejas y nuevas aristocracias

Las aristocracias reales son los que se forman en las grandes universidades

Se lee el nuevo ensayo de Julián Casanova, «Una violencia indómita», y ahí menciona esas sociedades aristocratizadas y aristocratizantes de antes. Esas oligarquías de gente de buena cepa, como se señala en tono burlón en algún clásico español, «El Buscón» o semejante, que acumulaban una genealogía de apellidos y escudos, pero también una buenaventura de riquezas, privilegios y negocios, que es lo que los sostenía en la cima. Unos legados y heredades de títulos, marquesados, mayorazgos de variada índole que se iban afianzando/perpetuando en cada generación con amores de conveniencia y matrimonios oportunos, que no serían muy prolijos en romanticismo, pero, claro, a quién le importa Bécquer y sus golondrinas cuando adornas el salón con cuadros de Klimt.

Aquellas clases altas, como apunta Casanova, mantenían el «poder social» con su «acceso a la educación y a las instituciones culturales». Vamos, que por Europa existían unos padres preo-cupados por impartir a sus vástagos unos mínimos culturales que los distinguiera del común y que incluso daba para entrar en consejos de ministros y hasta para que alguno se convirtiera en referente de lo que fuera.

Uno, que jamás será de los que defiendan canonjías y gracias de nadie, piensa que igualito que hoy, cuando los medios televisan sin pudor la vidorra de tanto chaval con apellido compuesto dando la nota y con aspiraciones profesionales del tipo «influencer», modelo y otros oficios de parecida aritmética.

Hay por aquí unas élites un poco desfasadas y en declive, que no son ejemplo de nada, aunque aún retengan prebendas y otras filacterías de ese palo. Pero se va viendo que en lo único que son millonarias en anacronismos. Lo cierto es que estaban así hace ya mucho, probablemente bastante, pero ahora canta. Todo ese ambiente relacionado con la tierra, las fincas, el toreo y otros mundos nobiliarios están ya bastante caducos, son muy Lampedusa.

Las aristocracias reales son los que se forman en las grandes universidades, no porque puedan soltar la viruta para la matrícula, sino porque van sobrados de becas y méritos. O son esos que se atreven a innovar, tipo Bill Gates, Steve Jobs o de ese perfil, que han cambiado el ecosistema social. Vamos, que la educación/formación sigue siendo la piedra angular. La diferencia, siempre existe una, o varias, es que, en el pasado, a esas aulas de profesorado tan alto solo accedían los que contaban con un linaje material o simbólico y ahora acceden los que se lo curran o valen. Y tal como está el patio, a uno le da que esas élites de antes ya no disfrutan de crédito y sus cachorros van a quedar para lo que están, para alimentar el famoseo y llenar el revistaje.