Un desastre de Pero Grullo

Apenas cuatro días ha durado la luna de miel entre Sánchez y Díaz Ayuso, han vuelto a las andadas después de la rimbombante fotografía de las banderas y las declaraciones de intenciones de ambos.

Estamos igual que hace nueve meses, aquel día en el que se produjo el esperpento, la presidenta Isabel Díaz Ayuso convocó una rueda de prensa para comunicar el cierre de colegios y universidades por la pandemia y, al mismo tiempo, comparecía el ministro Salvador Illa para restar protagonismo a la madrileña.

La historia se repite, ayer el gobierno de la Comunidad de Madrid anunciaba restricciones en nuevas zonas, mientras el ministro salía al paso criticando que no se tomasen esas medidas para toda la región.

Apenas cuatro días ha durado la luna de miel entre Sánchez y Díaz Ayuso, han vuelto a las andadas después de la rimbombante fotografía de las banderas y las declaraciones de intenciones de ambos.

El líder socialista ha visto una grieta por la que desgastar al PP madrileño, hasta hundirlo en el rechazo que genera la gestión del gobierno madrileño. Díaz Ayuso es prisionera de sus palabras cuando reclamaba al gobierno socialista que cediese poder a las comunidades.

Ahora tiene el poder, al menos nominalmente y eso está poniendo en evidencia su poca capacidad de gestión. Sánchez ha visto el hueco y primero juega a deteriorar su imagen y, en última instancia, cuando la idea de desastre en gestión sanitaria cale en la opinión pública, a intervenir en Madrid, apartando a Díaz Ayuso de las decisiones.

Se han ido acumulando elementos de desgaste en contra de la popular. La escasez de rastreadores, la falta de previsión en contratación de personal sanitario, que hasta que no se han vuelto a casi colapsar los hospitales nadie había previsto y, por último, la patética inauguración a cargo del vicepresidente regional, Ignacio Aguado, a bombo y platillo de los dispensadores de gel hidroalcohólico en el metro, meses después de que suframos la pandemia.

El PSOE, en su línea de coherencia, ha pasado de proponerle como presidente regional en una hipotética moción de censura, a hacer circular ataques muy duros por las redes sociales, agravado todo por la importante inundación que sufrió el transporte subterráneo al día siguiente.

La conclusión lógica que puede tener un ciudadano es que si el gobierno de España cree que deben tomarse medidas más duras en Madrid porque estamos en riesgo, pues que las tome. A esa reflexión popular es a lo que está esperando Sánchez, escondido detrás de Díaz Ayuso.

Entre la descoordinación, la falta de medios y la politización partidista, a día de hoy, un madrileño no sabe qué hacer, si es mejor autoconfinarse, no hacerlo o solo si vive en la zona con restricción.

Es de Pero Grullo que el gobierno de Sánchez ha sido un desastre y que la segunda ola es su responsabilidad por haber hecho una desescalada sin criterios técnicos y sin prever mínimamente el otoño, pero también ha quedado claro que no hay una alternativa fiable.

Sánchez es capaz de decir una cosa y la contraria, sin inmutarse, siendo lo que algún avezado periodista ha denominado un presidente de “amplio espectro”, pero enfrente no hay nada serio, esos son los dos dramas de España.