De Madrid al infierno
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Luis Quiñones de Benavente, el dramaturgo del siglo de oro español, fue el autor de la obra «Baile del invierno y del verano», donde se incluyen los famosos versos: «Pues el invierno y el verano, en Madrid solo son buenos, desde la cuna a Madrid y desde Madrid al Cielo». En ella se recogía la popular expresión: «De Madrid al cielo, y en el cielo, un agujerito para verlo», que se gestó en el s.XVIII, a raíz del embellecimiento de la capital, que dirigió con singular acierto el Rey Carlos III, dándole el significado que todos conocemos hoy en día, y es que, aunque uno muera, necesita el «agujerito» para seguir disfrutando de Madrid.

El nacionalismo y el populismo han odiado siempre a la capital, identificando a la villa y corte como el enemigo que subyuga a los pueblos periféricos que sueñan con autodeterminarse o culpando a la burguesía extractiva y rentista que reside en el barrio de Salamanca de empobrecer las clases populares del sur de Madrid o Vallekas (con K, según el ilustre ex vecino, Pablo Iglesias). Simplificación exitosa en el relato destructivo que corroe a la nación más vieja de Europa. En este sentido, recordar el mensaje que lanzó hace meses la eurodiputada y ex consejera fugada de la Generalitat, Clara Ponsatí, en el que, tras abogar por el cierre de la capital ante el brote, remataba con la frase «de Madrid al cielo», culpando de la muerte de catalanes a la Comunidad de Madrid.

Parecía que la epidemia remitía, pasamos el verano entre miedos y aperturas. El Gobierno de España se fue de vacaciones, mientras en primera fila se mantenían la presidenta de la Comunidad de Madrid y el alcalde la capital, con la idea primordial de salvar la economía de Madrid, como reflejo del nuevo motor de España, una vez Cataluña cayó en la decadencia tras la intentona golpista de 2017. La Comunidad cerró 2019 con un valor de 239.878 millones, lo que supone el 19,3% del PIB español, siendo su PIB por habitante un 35,7% superior a la media nacional, y recibió en 2019 13.703 millones de inversión extranjera, el 61,2% del total en 2019. Un éxito colectivo.

Pero Madrid también es responsable de muchos de los males que convergen en la tormenta sanitaria, social, institucional, económica y política que nos golpea. Mientras la España vacía se hace realidad al succionar Madrid los mejores recursos humanos de las Castillas, ejerce un dumping fiscal impropio que empobrece al resto de comunidades, se apropia de símbolos comunes y las clases medias madrileñas ven con simpatía el surgimiento de un nacionalismo agresivo que se envuelve en la bandera de todos como espejo centralizador al desvarío separatista catalán. Adicionalmente, no se han tomado las suficientes medidas preventivas y de contratación de rastreadores. Pero tampoco se ha efectuado una gestión peor a la de Baleares, Aragón o Navarra, en manos de la izquierda. Un fracaso colectivo. Madrid se ha convertido en el principal bastión de poder de la derecha y el PSOE pretende su conquista. Para ello ha desatado una exitosa campaña de acoso y derribo, con sus poderosas terminales mediáticas, contra los dirigentes de la Comunidad y de su presidenta en particular, acusándoles de ser responsables del desastre sanitario español. Como señalaba Ponsatí, Madrid es culpable. Y en esta lucha cainita por ganar el Gobierno de la Comunidad, nos podemos ir todos al infierno.