No habrá moción de censura en Madrid

Las diferencias entre populares y naranjas son bastante públicas en Madrid y lo que se transmite es un gobierno con oposición en su propio seno, cosa que no tranquiliza en absoluto en medio de la segunda ola de la pandemia.

Semana sí, semana no, vuelven los rumores de moción de censura contra Díaz Ayuso. En ocasiones los dimes y diretes surgen a partir de comentarios desde las filas de Ciudadanos, en otras ocasiones por movimientos del PSOE y en esta ocasión por la dimisión del consejero de servicios sociales.

Las posibilidades de que se produzca una operación de esas características son prácticamente nulas. Para empezar, no está aún justificado socialmente y se interpretaría socialmente como la ambición de unos cuantos.

Tampoco le vendría bien al PSOE porque se le caería la estrategia de que la intervención sanitaria en Madrid se hace por el interés general.

Por otra parte, al Partido Socialista le faltarían dos votos, no uno y no puede presentar una moción de censura con el apoyo de dos tránsfugas. La época en la que el transfuguismo daba y quitaba gobiernos, afortunadamente, acabó hace tiempo en la política española.

En último lugar, en Ferraz creen que el PSOE de Madrid no está preparado para asumir tareas de gobierno. Gabilondo ha resultado ser un fiasco, su contribución más notable en los últimos meses ha sido intentar la no intervención de Sánchez en Madrid para intentar ganar algún punto más con el Partido Popular para que su candidatura a Defensor del Pueblo no sea vetada.

El segundo legado que deja el portavoz es que no haya nadie en el horizonte del socialismo madrileño que pudiese liderar sin fisuras internas y con crédito en la calle un proceso de estas características.

Con respecto a Díaz Ayuso, Sánchez ha vuelto a tener suerte. A la popular se le fue la frenada en el último momento, cuando se descolgó del acuerdo del Consejo Interterritorial.

Tampoco ha sido capaz de construir un relato creíble porque debatir sobre el acierto de sus propias medidas está perdido cuando el clima que se ha instalado es que Madrid está mal sanitariamente.

El socialista ha conseguido que el enfado y la frustración de los trabajadores y pequeños empresarios afectados por las medidas, se repartan a partes iguales entre él y Díaz Ayuso que, además, está siendo cuestionada también por los suyos.

En realidad, cuando los barones populares atacan la estrategia de la presidenta madrileña, están apuntando a Pablo Casado. Casado no convence, no consigue rentabilizar el desgaste que la crisis sanitaria y la económica deberían estar produciendo.

Sus socios se han convertido en sus peores enemigos. El objetivo de Vox es derribar al PP y Arrimadas se entiende mejor con el PSOE que está preparando los indultos a los independentistas que con el PP. Si, finalmente, vemos a Ciudadanos votar junto a ERC los presupuestos socialistas, entonces, es que en la Carrera de San Jerónimo no hay un parlamento sino un zoco.