El imposible baile de Arrimadas y Sánchez

Los hechos han sobrepasado a Ciudadanos: de ser una fuerza llamada a reajustar el sistema autonómico, de ser un baluarte del constitucionalismo frente al nacionalismo –especialmente en Cataluña, que fue donde nació–, de introducir un punto de racionalidad que equilibrase el debate político, de querer ser una fuerza liberal que pudiese pactar con la izquierda y la derecha..., nos encontramos en el escenario contrario al deseado. Nunca la política española había estado tan radicalizada y nunca había habido una crisis institucional tan honda, que ya afecta a todos los poderes del Estado. Hay que decir que Cs y el que fuera su líder, Albert Rivera, tiene una enorme responsabilidad, que todavía parece no admitir argumentando que los hechos le han demostrado que tenía razón: que Pedro Sánchez no era de fiar. Pero se equivoca, y esperamos que su actual líder, Inés Arrimada, no cometa los mismos errores, porque el deterioro de la situación sólo favorece a los extremos, porque pudo haber evitado que se acabase formando el peor gobierno imaginable, el de un PSOE radicalizado coaligado con Podemos y el apoyo de todas las fuerzas independentistas. No hay mayor derrota, que el triundo de un agorero. Es decir, que Cs podría haber sido la fuerza que corrigiese esa deriva, como así lo intentó en un primer acuerdo que Podemos acabó minando. Ahora mismo, el centro político ha quedado arrasado por el PSOE, que ha decidido arrojar fuera del sistema a PP y Cs, alimentando el populismo izquierdista de Pablo Iglesias, permitiendo su ofensiva contra la Monarquía parlamentaria y convirtiéndose en el protector de fuerzas anticonstitucionales con ERC y Bildu.

Es cierto que Arrimadas no tiene un papel fácil en esta situación. Por un lado, ofreció al Gobierno negociar los presupuestos para evitar unas cuentas que acrecentasen más el déficit y acabar siendo un país no fiable para el gobierno de Bruselas. Por otro lado, los socios de Sánchez le exigen que cuenten con ellos, que refuerce el pacto de la moción de censura, ya que es el que le llevó a La Moncloa. Pero hay algo que hace imprevisible el futuro: Sánchez continuará en el Gobierno y no le importa si es gracias a los votos de los partidos que van a hacer inviable los presupuestos, como bien dice Arrimadas en una entrevista en nuestras páginas. Otra cosa es aprobarlos y otra bien distinta que estos sean reales. Con el apoyo de Cs podría cumplirse ambas premisas. Los números marcarán, tarde o temprano, la dirección que tenga que tomar Sánchez: Europa sabe que su previsión del déficit es un punto más baja (de 10,3 a 11,3) y que deja un agujero de 125.000 millones de euros. Puede entenderse el papel que quiere jugar Cs, pero quien está al otro lado de la mesa lo hace imposible. Puede que los naranjas se estén jugando su futuro, entre ser útiles o irrelevantes.