La división del país daña al Gobierno

La estrategia de La Moncloa no es otra que la de pasar por la crisis del coronavirus sin sufrir grandes destrozos. Es un deseo comprensible en quien ha adoptado la estrategia de no liderar la situación, desde el punto de vista sanitario y político, sino transferir toda responsabilidad a otras administraciones, siempre del adversario. Esto podría tener su efecto en crisis de poca duración, pero no en una pandemia que dura siete meses y que tiene al país abierto en canal, sin exagerar. ¿Alguien se acuerda de la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez pisando territorio de la UE cuando lo tenía prohibido, incluso de la ministra de Justicia Dolores Delgado convertida en Fiscal General? Sin embargo, aunque este Gobierno no estaba preparado para afrontar este envite sanitario y económico, le ha faltado el pulso y la decisión que se exige en una situación tan compleja. Como decíamos, confiaba en que el tiempo pasase mientras ponía en marcha una estrategia muy arriesgada: radicalizar el escenario político hasta delimitar dos orillas incomunicadas, hasta romper pactos de Estado fundamentales. Mientras que un CIS victorioso avala esta idea perniciosa de dividir al país, otros sondeos empiezan a arrojar datos que indican que el PSOE no saca ningún rédito de esta estrategia.

Según una encuesta de NC Report, el partido de Gobierno perdería 588.032 votos, lo que supone 6 escaños. La caída de su socio es todavía mayor: Podemos se quedaría sin medio millón de electores (499.827) y 8 diputados menos, lo que deja al partido de Pablo Iglesias en una mínima representación de 28 escaños, al que deberá sumar sus socios territoriales, también en bajada pero enfrentado con su discutido líder. Aunque el 6,8% de los votos se fuguen al PSOE, la coalición de Gobierno queda seriamente tocada. Poco le importaría a Pedro Sánchez si puede revalidar la mayoría de la moción de censura, pero antes de que esto suceda queda mucho coronavirus por delante y, sobre todo, gestionar los fondos europeos con el rigor que la UE exige. El único partido que sube es el PP, cuya representación parlamentaria crecería 10 diputados, situándose casi al nivel psicológico de los cien, con 375.862 votantes más. Cs no consigue alzar el vuelo en un escenario tan polarizada, pero tampoco Vox, que dejaría escapar un 7,1% de sus electores al PP, lo que puede dar alguna pista sobre el techo real de un partido crecido a la derecha de la matriz del centroderecha español. La estrategia de radicalización del Gobierno puede pasarle factura si realmente acepta el guante de la «guerra cultural». El ejemplo más claro se produce en Madrid, donde Díaz Ayuso se situaría como la candidata más votada, con el 31% (ahora tiene 22,2%) y los socialistas caerían 0,4 puntos, una tendencia a la baja que se produciría en el resto de fuerzas. Es decir, España no está para forzar la división, sino para que sus políticos actúen con responsabilidad.