Cándido

¡Qué contento debe estar nuestro gobierno heterogéneo y brillante! al que le debemos tanto, y contra el que VOX se ha atrevido a oponerse

Pablo Casado y Santiago Abascal, durante el pleno en el que se debate la moción de censura planteada por Vox, en el Congreso de los DiputadosEUROPA PRESS/E. Parra. POOL Europa Press

Yo reconozco que desde su anuncio me dio mucha pena la moción de censura insólita (en principio), como esa incómoda lija entre la vergüenza ajena y la lástima que uno siente cuando ve caerse a un cojo, o cuando prefiere apartarse de la fiesta del hacer leña del árbol talado, imagino que a ustedes parecido. Al mismo tiempo, aún a pesar de la crónica de un fracaso esperado y toda la soledad (en principio) que rodea a Vox, ese patetismo que despedía la hazaña circense de Abascal no estaba exento de cierta Belleza… la de ver cómo unos pocos tienen aún los arrestos de levantar la barbilla y mirar de frente a un gobierno que se ufana mientras nos ningunea y que nos ha estafado desde su concepción.

Desde luego fue mucho más lucidita, al menos para nosotros, los vascos, la moción de Pedro Sánchez, llegando a la presidencia de la mano del brazo político de ETA entre otros Freaks, ¿has visto esta película de rabiosa actualidad?

¡Qué bien le salió a Sanchez la jugada!, hay que ver con qué destreza ¿política? sacó del cuadrilátero a Mariano Rajoy… En cambio, Vox (me sacan el modo maternal), esos degenerados comeniños, que son el coco que viene a comerse a todos los pobrecitos virtuosos demócratas, ¡qué solitarios…!

¡Y los méritos que debe atesorar nuestro presidente, el peor orador que se ha paseado por la presidencia del gobierno español! (debemos meditar sobre ellos) para ser apoyado en su particular moción (aquí cada cual tendrá la suya) por semejante ramillete de ilustres que, como todo el mundo sabe, han conducido a España a una era dorada de la democracia y el bienestar.

¡Qué contento debe estar nuestro gobierno heterogéneo y brillante! al que le debemos tanto, y contra el que VOX se ha atrevido a oponerse. ¡Ni que esto fuera una Estado de derecho!... Malvados, infectos, inferiores… ¡¡¡desobedientes!!!.

Pablo Iglesias rompió a llorar tras la investidura de Pedro Sánchez y lo entiendo. Yo también rompí a llorar el día que aprobé el carnet de conducir, sabiendo que no lo merecía y que era un peligro para la sociedad y el patrimonio nacional.

Y luego Pablo Casado, el “Árbol va” de la derecha española; ese muchacho bienintencionado que buscó la grandeza, la creatividad o, ¿quién sabe? quizá solamente la aprobación de sus enemigos (como todos deseamos ser amados y regresarnos a la caricia sincera de nuestra madre en la mejilla, algunas veces). No le juzgo, lo harán las urnas…

Pablo Casado correctamente trajeado, cabello bien cortadito, de raya a un lado (una raya insobornable), obsesivamente aseado, escrupuloso, normativo, diestro, abstemio… Casado y Casable puesto que el líder del Partido Popular encaja asimismo con el paradigma del perfecto yerno. Pero, ¿en qué momento, la salvación de la democracia española quedó en manos de este rapaz, que se lo meriendan crudo, cuatro hienas famélicas y todavía da las gracias? ¡Ay! Es todo tan lorquiano ¡y lacaniano!… Y ¿cómo se llama en psiquiatría el suicidio de un partido político?

Pablo Pasado, con ese “no” y sobre todo con ese discurso tan elocuente como apóstata, ha cavado su fosa política, no así la de Santiago Abascal.

Fíjense, la moción de censura nos daba la oportunidad de expulsar a una inclusivísima coalición de ejem… comunistas, golpistas, separatistas, y amigos del terrorismo que con su previsible negligencia están arrasando España. Y Pablo Casado (qué ganas de decir Pablete y estrujarle los cachetes, antes de sacar un chupachups) dice “no” porque ser “de derechas” en este país donde la virtud es el tejido conectivo líquido, que circula por las venas de todos los vertebrados de izquierdas, le da cosa: “No somos iguales repite” porque el “buen odio” a Vox en España es “cosa de niños” e incluso religión, como lo fue entre los sanguinarios nazis el “buen odio a los judíos”. Insultar a los miembros de este partido (perfectamente constitucional) y sus militantes es políticamente correcto, noción de prestigio, marcador evolutivo y hasta lugar común.

VOX, a cada cual lo suyo, atrae a mucho a jumento (como cualquier partido) por motivos muy groseros y a pijos jovencillos limitones en la búsqueda de sensaciones y a pijos talludos con una visión excesivamente romántica de España y de su posición de privilegio, pero también a personas muy capaces, divergentes y desprejuiciadas que simplemente no encuentran otra bandera en el bando liberal ¿hay alguien más en la oposición? Pregunto mirando arriba y abajo, porque a derecha e izquierda seguro que no hay nadie.

Sin embargo, Abascal, que es un valiente, un luchador de sumo, un toro apasionado como Ferdinando (enamorado de la luna) que dice colocarse los “insultos” en el pecho como medallas; y francamente, viniendo de donde vienen, los halagos serían preocupantes… se ha erigido, tras la payasadita de la moción, como la más interesante alternativa en las próximas elecciones generales. Imagino, que ese era el plan de VOX, desde el origen. ¡Cómo la hubiera gozado Maquiavelo si hubiera tenido un buen televisor desde donde seguir las últimas jornadas políticas!.

Así que ¡no se hable más! 25.000 mociones de censura, no una. Hasta que salte como confeti de bellos colores este gobierno de la integridad “fluida”, de la superioridad moral de Barrio Sésamo, del embuste y de la Parada de los monstruos. 25.000 mociones de censura, mociones por arriba, por abajo, de perfil, mociones sin descanso, planeando en todas direcciones...