Moción sin futuro

EUROPA PRESS/E. Parra. POOLEuropa Press

De la primera sesión de la moción de censura presentada por Vox puede sacarse una primera conclusión que afecta a todos los partidos representados en el Congreso, por sostener al Gobierno o por ser oposición: la defensa que hizo Pedro Sánchez de su gestión, y en especial de la pandemia del coronavirus, sigue siendo inconsistente. No está a la altura de los problemas reales. De haber podido su primer discurso a la nación explicando la situación y las medidas que su Gobierno ha emprendido, se ha limitado a una defensa cuyo guion es conocido por su ineficacia. En ningún momento apareció el presidente que está al frente de la que puede ser la peor crisis sanitaria, económica y social que ha sufrido España. Si para algo le ha servido a Sánchez la moción es para fortalecer la mayoría que le llevó a La Moncloa precisamente con una moción. Pírrica victoria. La iniciativa de Vox, legítima y argumentada, ha sido aprovechada por sus impulsores para exponer una situación realmente alarmante, aunque sin alternativa a corto plazo. Sobran los motivos para retirar la confianza del Gobierno, pero se evidenció que Santiago Abascal no es el líder, de momento, que va a ponerse al frente de esta situación. Está claro que con 52 diputados no se puede aspirar a ser alternativa, ni España necesita abundar en la confusión. Puede decirse que el debate se situó en la trinchera de lo que se ha dado en llamar «guerra cultural», es decir, en los principios ideológicos y, especialmente, sobre los valores que la izquierda más revanchista ha impuesto como inmutables. Ya no hablamos de los que inspiran a las sociedades libres y democráticas, sino los que alimentan los principios más intolerantes y sectarios.

Se ha argumentado que la moción de Vox no servía para nada, que no tenía posibilidades de salir adelante, pero como todas, excepto la de Sánchez contra Rajoy, aunque no tiene sentido quejarse de las herramientas que da el parlamentarismo, y la posibilidad de quitar a un Gobierno cuando su ineficacia es manifiesta. Tanto Abascal como Sánchez expusieron sus argumentos, pero hoy queda el turno de Pablo Casado, que se ha convertido, según Sánchez, en el motivo real de moción, de esta «opa hostil» de Vox. El líder del PP tiene la oportunidad de marcar diferencias, de esbozar un programa ante los graves retos que tiene España por delante, en unir a la nación en torno a un proyecto común. El PP es el único partido que puede encabezar una alternativa real que aborde los problemas reales de la sociedad. Ayer, los empresarios reclamaron grandes acuerdos, reformas modernizadoras, moderación y poner fin a la demagogia. El debate no es si el PP vota no o se abstiene en la moción, siendo esta última la opción más lógica, aunque sólo sea por no formar parte de ese coro de diputados dispuestos a acabar con nuestro orden constitucional. La verdadera cuestión es que España necesita un Gobierno.