Coronavirus

Vienen «meses muy duros», pero sin medidas

Extraña declaración institucional del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, porque en ella no ha expuesto ninguna valoración de carácter político, administrativo y sanitario sobre la situación del coronavirus en España. Se limitó a decir que la situación es «grave», algo que desde hace semanas empezamos a constatar a tenor de las cifras de contagiados, índice por habitantes, tendencia de crecimiento y fallecidos facilitados por el mismo ministerio de Sanidad. Que, por otra parte, anticipe que vienen «meses muy duros» es de agradecer por el realismo con que aborda la situación, aunque denote mucha resignación ante la imposibilidad de remediarlo. Sabemos que el primer confinamiento, estricto hasta la parálisis total de la actividad económica, pudo hacer bajar el número de contagios –9.222 diarios el 31 de marzo y 950 fallecidos el 2 de abril–, aplanó sin duda la curva y situó a España como el país cuya recuperación económica sería la más lenta de la Unión Europea. Esa es la fatídica ecuación que Sánchez se ve incapaz de formular, ni los expertos que le asesoran: cómo hacer compatible medidas que impidan el avance de nuevo de la epidemia con no paralizar toda la economía. Sin embargo, ante la peor perspectiva que él mismo anunció ayer, no expuso ninguna medida concreta, a pesar de que la situación en todo el país así lo aconsejaría, ya que se corresponde con los indicadores y niveles de riesgo exigidos en el documento que Sanidad aprobó el pasado jueves junto con las comunidades. Según ha recordado el propio Sánchez, en la actualidad, España tiene una incidencia de 348 casos por 100.000 habitantes, por los que nos situaría en el nivel más alto de riesgo, que es el 250 casos acumulado en 14 días. Por contra, de nuevo deriva toda la gestión a las comunidades, a pesar de que se ha marcado unos objetivos que ahora parecen lejanos, aunque no imposibles, dependiendo del tipo de medida que se aplique. En concreto, Sánchez se ha referido a 25 casos por 100.000 habitantes, aunque sin saber cómo alcanzarlo, o por lo menos no lo adelantó en esta inconcreta declaración institucional. Sánchez rehúye a un mando único de la gestión de la crisis, de ahí que País Vasco, Asturias y Extremadura pidan el estado de alarma o que Castilla y León ponga en marcha el toque de queda este fin de semana. Hay una evidencia: es necesario la máxima protección y el confinamiento, pero es necesario una directrices claras, algo que el Gobierno no está dispuesto a sumir. Los últimos datos de ayer no invitan al optimismo: 19.851 nuevos positivos y 231 muertos más, lo que nos sitúan en índices de finales del pasado mes de marzo. Sánchez ha preferido esconderse, sin asumir el liderazgo, sin ninguna idea que transmitir ni aportación para controlar la situación.