El populismo asalta el Vaticano

El Vaticano se ha convertido ahora en algo muy extraño con un Santo Padre que bebe del peronismo de su patria de origen. Este populismo en vena resulta ciertamente desconcertante.

La opinión de Francisco Marhuenda.
La opinión de Francisco Marhuenda.La Razón

Siempre tengo muy presente que la Iglesia es una obra de Dios dirigida por hombres y a pesar de algunos de ellos ha sido capaz de sobrevivir desde su fundación. Esto hace que mi visión trascienda por encima de los pecados, errores o ineficacias de algunos prelados a lo largo de la Historia. Ni siquiera el solio pontificio ha estado exento de algunos personajes que eran más mundanos que espirituales. Un mal papa, arzobispo, obispo, abad o sacerdote es sucedido generalmente por un hombre bueno que tiene clara cuál es su misión apostólica. Hace unos días se conmemoraba un acontecimiento de enorme trascendencia, tanto para la Iglesia como para la unificación de Italia, como fue la toma de Roma el 20 de septiembre de 1870. En clase siempre explico que fue muy beneficioso para el catolicismo, porque puso punto final a la anomalía que significaba la existencia de los Estados Pontificios. Por supuesto, era el colofón del Risorgimento y era impensable una unificación que no tuviera Roma por capital. El Vaticano se ha convertido ahora en algo muy extraño con un Santo Padre que bebe del peronismo de su patria de origen. Este populismo en vena resulta ciertamente desconcertante.

Hoy recibe, seguro que feliz, a Pedro Sánchez, que preside un gobierno socialcomunista que impulsa, entre otros despropósitos, la eutanasia, el aborto de las menores sin autorización de los padres, ataca a la escuela concertada, pretende quedarse con los bienes de la Iglesia que nuestros antepasados decidieron que fueran suyos o pone en marcha una ley de la Memoria Democrática impulsada por los herederos de los que perpetraron uno de los mayores genocidios de la Historia contra los católicos que sólo tiene parangón con la Roma imperial o la Revolución Francesa. Miles de católicos fueron exterminados de una forma atroz y sin ningún remordimiento por los comunistas y sus aliados durante la Guerra Civil española. Por cierto, es lo mismo que hicieron en la Unión Soviética contra los ortodoxos. Una vez que el populismo ha asaltado el Vaticano, nada bueno espero del actual pontificado. Es importante recordar que el Papa Francisco no quiso venir a España con motivo de la celebración de los quinientos años del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia y una de las figuras más deslumbrantes que ha producido nuestro país. Es inquietante que se sienta siempre muy cómodo con la izquierda atea y anticlerical.