Sin política económica adecuada

Solo cabe pensar ya en un cambio político radical para lograr lo dicho por el gran economista Stigler: «Aunque los errores parezcan triunfar durante un largo rato, la verdad vence a largo plazo».

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Marcial GuillénEFE

Sobre las consecuencias de todo esto nunca olvidaré lo que me señaló la economista italiana Vera Cao-Pinna, sobre la «bellísima máquina electrónica» –así la bautizó–, enviada por los Estados Unidos a Italia para que se pudiese invertir la matriz de la tabla input-output italiana. Se debía a que, como consecuencia de la Guerra Fría, el Gobierno de Washington había decidido apoyar claramente la política económica italiana de la democracia cristiana, que presidía De Gasperi. En las elecciones próximas se corría el riesgo del triunfo del partido comunista, si continuaban vivos muchos problemas económicos. Si esto ocurriese, como aún no se habían roto las relaciones de Tito con Moscú, después de lo ocurrido en Grecia, un triunfo comunista en Italia crearía una situación en el Mediterráneo gravísima. Fue esencial disponer del modelo orientador de la política económica creado por Leontief, con la ayuda de otra «máquina electrónica», creada por el profesor del MIT para que aquél pudiera completar el modelo input-output de la economía norteamericana. De esa forma, invirtió la matriz, lo que ocurrió en 1941, un trabajo para solucionar problemas de economía de guerra. En España, el trío Ullastres, Torres y Alcaide, orientó, así, la política española de integración en la CEE, culminada con el Acuerdo Preferencial, calificado como un gran logro diplomático. En estos momentos, nos encontramos sin formulación de una política económica española, basada en instrumentos adecuados, para saber lo que se deriva de cada sector, ante cualquier cambio en la realidad económica, sea ésta promovida por el Gobierno o sea desde el exterior. El panorama de la política económica española dirigida por un gobierno en el que se mezclan incluso dirigentes pseudomarxistas o pseudoleninistas y separatistas, refleja una realidad ajena a todos los planteamientos mencionados anteriormente, y de ahí se deriva que una buena política económica nacional resulte imposible. De ahí que solo cabe pensar ya en un cambio político radical para lograr lo dicho por el gran economista Stigler: «Aunque los errores parezcan triunfar durante un largo rato, la verdad vence a largo plazo».