El revólver que silenció a Veronica Guerin

En 1996, la reportera irlandesa especializada en mafias y crimen organizado Veronica Guerin fue asesinada a tiros a plena luz del día

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El arma homicida resulta primordial a la hora de resolver un caso. Es más, a menudo, sin ADN ni el objeto que quitó la vida no hay evidencias suficientes para establecer una condena. Por ello, algunos crímenes se quedan abiertos, sin resolver, para desgracia y sufrimiento adicional de los familiares y amigos de las víctimas. Según los expertos, suele ser la prueba que liga al asesino con la escena del crimen, algo fundamental para los forenses. De ahí la importancia de hallarla–y de deshacerse de ella–. La semana pasada, enterrado en un jardín de Alicante, fue hallado un Colt Python que podría cerrar un caso histórico para Irlanda y el mundo del periodismo.

En 1996, la reportera irlandesa especializada en mafias y crimen organizado Veronica Guerin fue asesinada a tiros a plena luz del día. «The Irish Times» narró entonces cómo Guerin salió a media mañana de un Tribunal en Naas (donde venía de comparecer), se montó en su Opel Calibra rojo y condujo hacia Dublín. De camino llamó al «Sunday Independent» para discutir un reportaje y un enfoque. Minutos antes de las 13:00, se detuvo en un semáforo, en un cruce, y se quedó en el carril exterior. Una moto de gran cilindrada blanca se coló entre ella y un Ford Escort. El pasajero del asiento trasero, un «hombre rechoncho, de unos 30 años, de tez clara, ojos azules y bigote», abrió fuego, rompiendo la ventanilla del coche de Guerin. La disparó «cinco o seis veces» en la parte superior del cuerpo. Se cree que murió en el acto. Después, la moto aceleró y se perdió en el tráfico. Ambos motoristas llevaban chaquetas de cuero negras y cascos blancos. Una hora después, la Policía irlandesa informaba a su marido, Graham Turley, de que Guerin había sido asesinada. Tenían un hijo de 7 años.

John Gilligan fue ascendiendo en los círculos de la delincuencia organizada hasta que montó su propia banda criminal en los 90. Se convirtió en un (si no el más) importante narcotraficante de Irlanda. Quedó establecido que su grupo organizó el asesinato de Guerin, pero no quién apretó el gatillo. Gilligan entró en la cárcel, en la que cumplió una dura condena de 17 años, por traficar hachís y amenazar a un funcionario de prisiones. Hace siete años quedó en libertad y decidió empezar una nueva vida lejos de Irlanda: en Orihuela y Torrevieja. Parece que en nuestro país ha continuado con su actividad delictiva. El miércoles, a sus 68 años, fue detenido en una operación que se saldó con otros cinco arrestos por el envío postal de marihuana y medicamentos hipnóticos a Reino Unido e Irlanda. En el registro se descubrió el Colt. La Policía irlandesa ha informado que mantiene una colaboración estrecha con la española –que está llevando a cabo test de balística en la pistola–, y lo cruzará con las pruebas de 1996, para saber si finalmente se ha hallado el arma homicida de Guerin y poder así cerrar el caso.