Se reservan tumbas

Chapu Apaolaza

Tiene gracia que con lo mucho que hemos muerto, este domingo tengamos que pedir cita en el cementerio. De la normativa sobre restricción de las visitas para el día de Todos los Santos me salen cinco o seis poemarios. En algunas ciudades, a las tumbas hay que reservarles hora como a la pista de pádel. Cada cual tiene su truco. Otros advierten que no se puede comer, ni beber, ni acudir en grupos de más de cuatro, como si se limpiaran las sepulturas de veinte en veinte. Hay cementerios en los que se ha limitado la asistencia a la mitad del aforo y a mí me gustaría saber cómo se calcula la gente que entra en un cementerio en comparación con la que cabe en un carril bici, por ejemplo, o en una discoteca. Que nos diga la ciencia si contagia más media docena de runners cuando echan el higadillo por el anillo ciclista de Madrid o una viuda que posa un ramo de flores sobre los reinos de musgos y mármol de una tumba de Castilla: invierno, cipreses, gorriones, crisantemos y lágrimas verticalmente derramadas.

No es que elimináramos la muerte en la pandemia, ojalá; es que le tomamos la circunvalación. El Gobierno del eufemismo revistió a la parca de ropa deportiva, de metáforas de baratillo, autoayuda de galletas de la suerte, coaching de rueda de prensa de sábado y lecturas para el confinamiento. Ahí fuera palmaban mil al día sin siquiera el tacto azul de una mano de látex y cada tarde, los bomberos derribaban las puertas de los pisos de gente que no había tenido tiempo siquiera de decir al teléfono «Que me muero». España palmó sola de muerte entre las venas, que escribió Héctor Rojas. Se fue limpiamente sin una mano que le cerrara los párpados. Mientras tanto, en casa todo eran levaduras, masa madre, vídeos de gimnasia y melopea de balcón, y ahora ni siquiera puede ir uno a darse el lujo de hincar la rodilla ante la eternidad de la ausencia. Juan Ramón Jiménez metió a Platero en el cementerio viejo – «Aquí Platero, está mi padre»– y nosotros tendremos que limpiar las lápidas en la cola del Primark de Gran Vía.