La mano de Inés

Los naranjas se despegaron del PP con la intención de coger carteras ministeriales, pero Sánchez ha vuelto a ser él mismo y prefiere pactar con sus socios de investidura

La líder de Ciudadanos, Inés Arrimadas, durante una rueda de prensa en Madrid
La líder de Ciudadanos, Inés Arrimadas, durante una rueda de prensa en Madrid-EFE

Algo le pasa a Inés Arrimadas que no es capaz de entender lo que le quiere decir Pedro Sánchez. Los tímidos coqueteos entre PSOE y Ciudadanos, en verano, con Edmundo Bal pisando orgulloso el Palacio de la Moncloa, como protagonista improvisado, parecen ser un espejismo y todo ha quedado en agua de borrajas.

Los naranjas se despegaron del PP con la intención de coger carteras ministeriales, pero Sánchez ha vuelto a ser él mismo y prefiere pactar con sus socios de investidura.

Los partidos nacionalistas e independentistas han realizado declaraciones en cascada afirmando que están negociando los Presupuestos con el gobierno desde hace semanas y que en los últimos días se han intensificado las conversaciones.

El papelón de Arrimadas es tremendo, sigue afirmando que tiene la mano tendida al PSOE y que, a pesar de que nadie del gobierno la llame desde hace un mes, considera que sus exigencias han sido satisfechas. No es la única cuestión en la que Arrimadas da su apoyo al ejecutivo, también lo hizo en relación al estado de alarma.

Sinceramente, lo de Ciudadanos entra en el terreno de lo bochornoso. No se trata solo de que la líder naranja tenga un problema para comprender que Sánchez no quiere nada con ella, por inequívoco y claro que pueda parecer a cualquiera, es que se está sumando a unos Presupuestos ya consumados y masticados por los independentistas.

La puntilla se la dio Casado con esa reinvención que exhibió en la moción censura, asesorado, dicen en los mentideros, por un ex asesor socialista. Sea como sea, el bocado que puede dar con el nuevo discurso, por el centro, termina de devaluar la marca naranja.

Ciudadanos formó parte del trio de Colón y no tuvo empacho en formar parte de gobiernos sostenidos por Vox, a pesar de que reclamaban moderación centro político. Sin embargo, quien ha cortado en seco a Abascal ha terminado siendo el Partido Popular, para mayor desgracia de Arrimadas.

Hoy día es imposible reconocer el proyecto ideológico de los naranjas, quizá es que nunca lo tuvieron y apoyados en la crítica al independentismo y en la crisis del bipartidismo, que se produjo en el 2011, consiguieron captar algunos votos.

Apenas una década después de su despunte electoral, la historia de Ciudadanos se reduce a peleas internas por el poder que nunca llegaron a alcanzar y a la contradicción en sus posiciones.

Criticaron que PP y PSOE se sucediesen en la ocupación del poder, lo que ocultaban es que nacían porque el poder lo querían para ellos. Intentan mantener sus coaliciones con la derecha y meter la cabeza en acuerdos con la izquierda y ERC, están dispuestos a poner una vela a Dios y otra al diablo, pero eso, en política, no funciona.

Al lado de la imagen de Sánchez e Iglesias en la presentación de su acuerdo, falta la mano de Inés Arrimadas, que de tanto extenderla se le va a quedar acorchada por falta de circulación.