“Un Estado sin control”

Hemos pasado de los quince días del anterior estado de alarma nacional a la esperpéntica situación actual

La Razón

Que tiempos más raros vivimos. La verdad es que costó mucho que España tuviera un régimen parlamentario con un control pleno de la actividad del gobierno. Es verdad que el ejecutivo ha controlado habitualmente al legislativo, pero al menos sería bueno guardar las formas. La excepcionalidad del estado de alarma debería conducir, necesariamente, a un mayor control. En cambio asistimos a una constante estrategia de convertir lo extraordinario en normal hurtando la comparecencia de Sánchez ante el Congreso, que debería ser el primer interesado.

Hemos pasado de los quince días del anterior estado de alarma nacional a la esperpéntica situación actual. La pretensión inicial de estar seis meses sin control parlamentario y judicial con la única comparecencia del ministro de Sanidad era inaceptable. No haré referencia al conocido término dictadura constitucional, que puede parecer un contrasentido aunque ha merecido una interesante elaboración doctrinal, pero sí en el error de aplicar la excepcionalidad sin los contrapesos y la proporcionalidad que emana de nuestro texto constitucional. No hay duda de que la Nueva Normalidad no ha funcionado, pero tampoco en ningún país.

Por ello, han tenido que adoptar medidas similares para enderezar una curva que cada vez es más inquietante. No cabe cuestionar la necesidad de aplicar el estado de alarma, aunque sí recordar una vez más que el gobierno incumplió su compromiso de adaptar la legislación a esta nueva situación provocada por la pandemia y no tener que acudir a ese instrumento que es tan lesivo para los derechos de los ciudadanos.

Es incomprensible esta indolencia que hemos vivido durante estos meses. La cuestión ahora es algo tan importante en una democracia como son las formas, los controles y los contrapesos. Ni siquiera deberíamos estar planteándonos un periodo tan largo sin el control parlamentario. La pretensión inicial creo que es manifiestamente inconstitucional y me temo que también cualquier otra que no sea una comparecencia más intensa del máximo responsable gubernamental.

Sánchez no tendría que estar preocupado por acudir cada quince días o, como mínimo, mensualmente para informar sobre el balance de su aplicación así como de la marcha de la pandemia. No hay nada más importante para España que la covid-19 y por tanto es la primera ocupación que tiene el Gobierno a la hora de conseguir controlarla, llevar a cabo la recuperación económica y también cerrar las profundas heridas que están dejando las tres crisis que sufrimos. Y para todo ello necesita, además, el más amplio consenso posible.