El odio progre contra Trump

Hasta se han creído que Biden y Kamala Harris son de izquierdas

La Razón

Uno de los fenómenos más interesantes de la política estadounidense es el odio profundo e irracional que despierta Trump entre los progres españoles, así como la tibieza del centro derecha que teme que ser acusado de «trumpista». Nadie le quiere, aunque lo único que conocen de su presidencia son los tópicos habituales y el carácter pintoresco del personaje. En cambio, el «joven» Biden a sus 78 años, miembro destacado del establishment, nieto de millonario e hijo de un padre que perdió la fortuna, les parece adornado de todas las virtudes. Por cierto, es conocido como acosador de mujeres. Hasta se han creído que él y Kamala Harris son de izquierdas lo que me recuerda mucho cuando apoyaban al millonario Kerry, casado, además, con Teresa Heinz, viuda del heredero del famoso kétchup. A los pijo progres les gustan, por supuesto, sus homónimos estadounidenses. El odio a Trump, como el que sintieron contra otros republicanos, responde al zafio y grotesco antiamericanismo que ha caracterizado a una izquierda europea que, durante mucho tiempo, estuvo abducida por la Unión Soviética y sintió un inusitado fervor por el castrismo, el maoísmo y la teología de la liberación.

Creo que Trump ganará como predije en las anteriores elecciones. A pesar de los ataques permanentes de los millonarios de la Costa Este, Hollywood y las tecnológicas, así como de los medios de comunicación que son abrumadoramente demócratas me parece que conoce muy bien a sus votantes y sabe cuáles son los estados clave para lograr la victoria. A lo mejor me equivoco y como no tengo la arrogancia de la izquierda lo reconoceré en el próximo artículo. En cualquier caso, no me equivocaré especulando con que la administración Biden será un fracaso como sucedió con Obama o Clinton, aunque gozará de muy buena prensa. Por supuesto, la sensibilidad de izquierdas solo estará en la imaginación de los progres y el espíritu americano se mantendrá con la habitual firmeza, porque es la esencia de esa gran nación que siempre ha sido una democracia y que salvó a Europa de las dos guerras mundiales y del comunismo. Trump es, sobre todo, un gran patriota como todos los presidentes y los candidatos que han tenido muy presente la doctrina Monroe, el aislacionismo, el rechazo a la conflictiva Europa y el recuerdo de por qué huyeron de ella. Esto no significa que sean unos santos. Desde luego, ni Trump ni Biden lo son.