El temor a otro confinamiento

Hay una cierta tristeza o pesimismo que se extiende en todas las capas sociales.

Hay un temor generalizado ante un nuevo confinamiento. Es verdad que se especula en que no será igual al que vivimos con la primera ola, pero no por ello debemos minimizar el impacto económico y social que tendrá. Con respecto a lo primero, nos tenemos que resignar ante la debacle que estamos sufriendo. Es tan grave que ya resulta evidente, como algunos avanzábamos, que los recursos de la UE serán insuficientes. No es necesario ser un avispado economista para hacer una proyección con los indicadores que conocemos así como con los antecedentes de la anterior crisis. Esta es, sin lugar a dudas, mucho más grave y España se tuvo que endeudar entonces en más de 600.000 millones de euros. A estas alturas no hay riesgo de una crisis financiera, aunque no descartaría que apareciera en el futuro si se acaba la barra libre del BCE. Es lo que estuvo a punto de suceder en 2012, porque se puede producir un escenario en el que no pueda atender el pago del servicio de la deuda contraída. Hay un punto en que puede resultar imposible acudir al mercado, porque el diferencial para colocarla sea inasumible o nadie la quiera. Es poco probable, pero no imposible.

Ahora es fácil colocar la deuda que se emite. No estoy seguro de que nuestros socios asuman la pintoresca teoría de una mutualización masiva de centenares de miles millones cuyo coste se asumiría entre todos y que nos beneficiaría a nosotros. Una especie de deuda perpetua sin fecha de vencimiento o, como mínimo, a muy largo plazo. España necesita hacer reformas profundas, pero vivimos tiempos cortoplacistas. Me preocupa mucho el estado anímico de la sociedad. Más allá de los discursos optimistas, propios del mundo deportivo, creo que un nuevo confinamiento sería demoledor. Hay una cierta tristeza o pesimismo que se extiende en todas las capas sociales. El miedo a la covid-19, a perder el empleo o no encontrarlo los que se incorporan al mercado de trabajo, a la ruptura de las relaciones sociales, el dolor de los que se han visto afectados por la enfermedad o perdidos a seres queridos. Todo ello muestra un panorama muy inquietante. Un nuevo confinamiento puede agravar aún más esta situación. Hay muchas personas que lo han perdido todo de un plumazo y ahora viven instaladas en una angustiosa incertidumbre. Por ello, solo cabe una coexistencia prudente con la pandemia y no es por una cuestión estrictamente económica.