El fracaso de los demócratas

Seguro que, como buen demócrata, meterá a Estados Unidos en alguna guerra

La Razón

A pesar de los denodados esfuerzos de la coalición anti-Trump no parece que los demócratas estén consiguiendo todos sus objetivos. Han destinado miles de millones en los últimos cuatro años, han hechos películas, documentales y series denigrando al candidato republicano y de momento la lucha está muy reñida. Lo peor es que no consiguen la ansiada victoria en el Senado con los dos partidos muy igualados, mientras que en la Cámara de Representantes no han logrado el resultado esperado, aunque Pelosi mantendrá la presidencia. A lo mejor consiguen que Biden sea el próximo presidente, pero ofrece la imagen de un césar decadente. Lo bueno es que los financieros, empresarios especuladores que apoyan a los demócratas se seguirán forrando como sucede cuando ocupa la Casa Blanca uno de los suyos, aunque, como me gusta recordar, tendrá mejor prensa que los republicanos. Biden ha sido un candidato por descarte, con muy poca energía y menos imaginación. Estaremos ante una repetición de la fracasada, aunque muy valorada por los medios de comunicación, administración Obama. La única duda es saber qué premio Nobel preventivo le podrían dar a esta nueva estrella rutilante de la política estadounidense como hicieron con su antiguo jefe Obama.

La Justicia es uno de los pilares fundamentales en cualquier democracia, por lo que no entiendo la preocupación de la izquierda española y los pijo-progres estadounidenses porque Trump quiera ejercer sus derechos si considera que se han producido irregularidades. Como no soy tan listo como ellos, prefiero esperar. En cualquier caso siempre me inquieta cuando alguien critica que se acuda a los tribunales. Ahora que andamos dando lecciones sería bueno recordar que allí sí que existe una escrupulosa separación de poderes y el legislativo no es, como sucede en España, el brazo armado del partidismo gubernamental. La arrogancia de los demócratas les llevó a creerse las encuestas y pensar que Trump estaba acabado. Por ello bastaba con una vieja gloria en declive como Biden al que le colocaron como ticket a la elitista Kamala Harris, que es hija de inmigrantes que llegaron en primera clase y forrados. Los multimillonarios que les apoyan saben que la administración demócrata será muy sensible con ellos, aunque lavarán su conciencia con las habituales donaciones a entidades culturales y benéficas que otorgan, además, mucho prestigio. Por supuesto, volveremos a escuchar el tema de la sanidad pública y seguro que, como buen demócrata, meterá a Estados Unidos en alguna guerra.