Aniversario del «bellaco villano»

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante el Homenaje a Manuel Azaña en conmemoración del 80º aniversario de su muerte celebrado en el Congreso de los Diputados, en Madrid (España), a 3 de noviembre de 2020. 03 NOVIEMBRE 2020;MANUEL AZAÑA;PEDRO SANCHEZ;CONGRESO DE LOS DIPUTADOS POOL. Bernardo Díaz/La Razón 03/11/2020POOL. Bernardo Díaz/La Razón POOL. Bernardo Díaz/La Razón

Bellaco villano, malmirado, descompuesto, ignorante, infacundo, deslenguado, atrevido, murmurador, maldiciente». Una puede imaginarse a Mariano Rajoy como don Quijote de la Mancha soltando por su lengua víboras y culebras al pensar que este martes Pedro Sánchez cumple un año de su segunda victoria en las elecciones generales, que se repitieron porque así lo quiso él, convencido por su oráculo electoral de que iba a estrangular en las urnas a Pablo Iglesias.

Y ni él ganó, como le habían dicho, ni tampoco estranguló a Iglesias. De la misma manera que el oráculo electoral de Moncloa pensó que la repetición de comicios les permitiría liberarse de Podemos, ahora cree también que ya se han liberado de la carga política de la pandemia. Tal cual. Sánchez está rodeado de calamidad, pero se siente seguro y fuerte. Y Rajoy vive en una burbuja de confort, pero se siente inseguro y débil. Ha dejado de mantener una relación estrecha con el grueso de su Gobierno. Se le ve almorzar con muy pocos elegidos, entre ellos Fátima Báñez, Íñigo Méndez de Vigo, Ana Pastor o José Luis Ayllón. Y, por supuesto, la fiel Carmen Martínez Castro, que continúa siendo la guardiana del secreto de los corderos. Sí, porque de Rajoy dicen en el PP que es como el Doctor Lecter, ese símbolo de Caronte que como guardián de los infiernos es también el guardián de secretos oscuros. Rajoy también cena con el matrimonio, con María Dolores de Cospedal y con su marido, y no mucho más si se tira de la lista de su equipo porque aquel último Gobierno del PP acabó descompuesto y enfrentado.

Pero el ex presidente sí se siente en la obligación de seguir cuidando a la parte del partido y a la parte del Gobierno que le ayudó con el asunto Bárcenas. Y señal no menor es que en ese estrecho círculo, donde se guardan los secretos, no está ya alguno de los nombres que, aparentemente, uno colocaría en el grupo por su relación afectiva con el «jefe». Por cierto, en el entorno del que para Rajoy sería el «bellaco villano, malmirado, descompuesto, ignorante...» dicen que el tema de Bárcenas «va a acabar muy mal» para el Gobierno de Rajoy. Y hay que pensar que hablan con base porque ni hay división de poderes ni hay Justicia en la telaraña de la mezcla de intereses entre Poder Ejecutivo y Poder Judicial. «Quid pro quo, Clarice.... yo te cuento cosas y tú me cuentas cosas».