El control de la Verdad

Esto de la Comisión de la Desinformación a uno le suena a pretexto para amordazar voces discrepantes, que son las que sacan los cadáveres de debajo de las alfombras.

La Prensa siempre ha defendido la verdad, aunque muchos no se lo creanMark LennihanAP

El PSOE y sus socios han vuelto a acariciar el sueño de controlar lo que se dice por los medios, que siempre ha sido una vieja pretensión del poder y de los que lo anhelan. Cuando las democracias flaquean enseguida asoman tentaciones de este calado. Esto de la Comisión de la Desinformación a uno le suena a pretexto para amordazar voces discrepantes, que son las que sacan los cadáveres de debajo de las alfombras. El politiquerío es muy defensor de la libertad de expresión cuando descansa en los sillones de la oposición, pero cuando se sienta en el butacón del Gobierno, se apoltrona y eso de la la libertad de prensa, como que ya lo lleva mal.

La UE alertó sobre la necesidad de combatir las «Fake News» procedentes de China y Rusia, y da la impresión de aquí se ha tomado la recomendación para empezar a dirimir qué es falso y qué no lo es, lo que es preocupante. El asunto de este «ministerio de la verdad», como lo vienen denominando en algunos impresos y digitales, es que no está tan interesado en corregir bulos económicos, falsedades tecnológicas, estafas digitales, mentiras científicas o acabar con mensajes de Moscú o de Pekín, como en cierto cariz ideológico, que es el latido que se empieza a escucharse de fondo. El «pesoe» se atreve así con algo que ni siquiera ha hecho Donald Trump, que consideraba que todos los medios con autoridad publicaban «Fake News», vamos que no publicaban lo que él quería, y que hubiera estado encantado con disponer con una ley como ésta para enmudecer a los detractores.

La Prensa, como aseguraba Luis María Anson, no es el cuarto poder, sino el contrapoder, el que viene a denunciar las francachelas de los que están por arriba y evitar sus abusos y denunciar sus regalías. Los periódicos existen, entre otros muchos motivos, porque los políticos tergiversan, manipulan, mienten, en ocasiones tienden a esconder la verdad y hasta tropiezan de vez en cuando con la corrupción. No está exento de ironía que ahora sean ellos los que vengan a hablarnos de Comisiones de desinformación. Sobre todo un Gobierno que se inventó un comité científicos durante la pandemia y que cuenta con un vicepresidente que considera, cito, «que existan medios privados ataca la libertad de expresión» (el vídeo está en Youtube, por los que puedan dudar) y cuyo partido ha vetado el acceso a periodistas. Unos precedentes que no auguran nada bueno.

Se dice, claro, que este organismo, o lo que sea, será independiente y transparente, hasta, por supuesto, que nos salga un populista con vena autoritaria y lo convierta en una herramienta para sus fines. Si no se desea que se engañe a los ciudadanos hay caminos más sencillos y menos arriesgados, como educar a la población y crear ciudadanos críticos. Para lo demás, están los servicios de seguridad y, para contrarrestar posibles injurias, los tribunales. Lo demás, me temo, que obedece a otras razones...