¿Vacuna?, póngase a la cola

Continuamos: ¿son urgentes los políticos? (vale, venga, dejen de reírse)

Luca BrunoAP

Esta semana ha cerrado la Joy Eslava y ahora hay otros lugares emblemáticos de los que no tengo ni idea. Es decir, soy mayor, es decir, soy viejo. Es decir: ¿tengo derecho a ser de los primeros en la vacuna contra el Covid?

Los mayores (¿he hablado ya de mi vista cansada o de mis canas?) y los médicos van antes (y si yo, por casualidad, tuviese algún «pero», nunca, pero nunca, lo escribiría aquí: vete a saber cuándo vas a acabar en un hospital y si quien te atiende te ha leído). El caso es que, a lo mejor, después, queda alguna dosis de la primera remesa para el resto.

Así que, como en los saques de esquina, en la pescadería y el primer día de rebajas, ha llegado la hora de sacar los codos y hacerse sitio en la cola. Si los mayores son los primeros, lo siento, pero por lógica, los jóvenes (es decir, todos los menores de, exactamente, 42 años y un par de meses) tienen que ser los últimos.

Sigamos: si todos llegamos al acuerdo de decir la verdad (unos meses sólo, no puede ser tan difícil) los notarios y registradores pueden esperar; los novelistas son importantes, pero ya hay muchos libros escritos y ahora nadie lee, que sólo se ven series. Ya les tocará en primavera o por ahí.

Continuamos: ¿son urgentes los políticos? (vale, venga, dejen de reírse); policías y jueces parecen necesarios, la verdad, pero si íbamos a salir todos mejores de esta...; abogadas y estudiantes de derecho, quizá deban estar delante, pero son tantos que es imposible cribar; fontaneros y manitas son esenciales, aunque, bueno, podríamos vivir seis meses con las mesas desniveladas, el suelo del armario roto y ese olor extraño de la tubería. Llevamos así desde marzo, así que...

Más: los psicólogos son vitales, vale, que lo hagan por zoom; me cuesta no poner a las cajeras detrás de los médicos, pero las primeras dosis de la vacuna van a ser pocas y esta es mi columna y estas son mis reglas; lo mismo sucede con los barrenderos o los bomberos.

¿Y los futbolistas? Eso depende de si son del Real Madrid o no; los científicos, gracias, pero tenemos vacuna, ya han hecho su trabajo; ni menciono a los pobres teleoperadores ni a los que te ponen multas, a los fiscalistas o a los de Hacienda; y los funcionarios, oye, que ya les van a subir el sueldo.

No cuento, claro, con todos los que usan palabras en inglés para definir su trabajo ni a ningún famoso (hay un 10% de posibilidades de que la vacuna no funcione, se enteraría todo el mundo).

Quedamos, entonces, los periodistas (mi columna, my rules, ya avisé).

Descartados los jefes (por razones evidentes), entre los pocos que ya podemos vacunarnos primero, el deportista y equilibrado Fernando Simón (nunca se equivoca, es que entendéis mal) y el sabio filósofo Illa (si va a fiesta es para probar si se puede), entre ambos, tan eficientes, prestigiosos y hasta más guapos que ninguno, deberían elegir(me).