Y ahora las buenas noticias

Desde el verano optó por no asumir más responsabilidades en la gestión de la pandemia para que a partir de entonces las malas nuevas, si se producían, las dieran los presidentes autonómicos

Francisco SecoAP

Durante semanas, Pedro Sánchez intentó convencer al Parlamento para que le concediera una última prórroga que alargara el estado de alarma hasta bien entrado el mes de junio. Pero no lo consiguió. Y ese día decidió aplicar un cambió radical de estrategia: después de pedir a la población un sacrificio tras otro desde marzo, en horas veinticuatro pasó a animarnos a «que no nos dejemos atenazar por el miedo, hay que salir a la calle, hay que disfrutar de la nueva normalidad recuperada, hay que recuperar la economía, hay que disfrutar y ser conscientes de que el Estado hoy está mucho mejor pertrechado para luchar contra el Covid en todos los rebrotes que puede haber en nuestro país». Lastimosamente, los pertrechos del Estado en manos del Gobierno se han demostrado insuficientes para evitar o frenar los rebrotes. Pero era el primer intento del presidente por iniciar la nueva era de las buenas noticias.

Desde el verano optó por no asumir más responsabilidades en la gestión de la pandemia para que a partir de entonces las malas nuevas, si se producían, las dieran los presidentes autonómicos, con el desgaste político correspondiente. Solo decretó un nuevo estado de alarma con la finalidad de que fueran esos mismos presidentes los que siguieran cerrando la hostelería o perimetrando territorios. Ellos, no él. Y se niega, de momento, a cambiar el decreto del nuevo estado de alarma para permitir confinamientos domiciliarios, como le piden incluso algunos compañeros de partido con responsabilidades territoriales.

Sin embargo, el Gobierno sí ha querido reaparecer en el escenario de la pandemia en cuanto Pfizer ha anunciado la inminente llegada de una vacuna. En cuestión de horas, el ministro de Sanidad se hizo presente en los medios para anunciar con notable trompetería que nuestro país dispondría de ese remedio contra el virus incluso antes de que termine este año, en menos de dos meses, a pesar de que en ese momento ni siquiera la Unión Europea tenía firmado el contrato con la farmacéutica americana. Bruselas solo dio el visto bueno unos días después.

Ahora, el presidente evita hablar de su controvertida alianza presupuestaria con Bildu, pero sí viaja a Navarra -cuna de los pactos del socialismo con los herederos del independentismo violento- para asegurar que «estamos en un cambio de época».

La vacuna, si es eficaz y segura como se espera, debe tener como consecuencia la recuperación de la salud general y, además, el despegue de la economía desde su hundimiento actual. Sería el final de la calamidad que hemos sufrido a lo largo de este aciago año 2020. Y sería el principio del intento del Gobierno de Pedro Sánchez por recuperar su imagen, dañada por una cuestionable gestión de las dos olas que, hasta ahora, hemos sufrido de la pandemia y de sus efectos económicos.

Moncloa aspira a que 2021 sea el año de las buenas noticias. Con los presupuestos aprobados, con la mayoría parlamentaria asegurada a medio plazo, con vacuna contra el covid 19 y con el renacimiento económico, la coalición PSOE-Podemos no ve obstáculos en el camino. Quizá.