Las lecturas de Sánchez o el Esperpento

Pedro Sánchez durante la sesión de control al Gobierno en el Senado.Luis DiazLa Razón

Me he divertido un buen rato con la lista de las lecturas predilectas del Presidente; como en la Biblioteca de Don Quijote (Del donoso escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo), cribando con escepticismo los libros de Alonso Quijano y lanzándolos volando hacia atrás por encima de sus hombros hacia la hoguera.

“Me gusta la literatura esperpéntica”, dice Sánchez y solo con esa forma tan insustancial (e ilusoria) de opinar sobre Valle Inclán, sabemos que todo lo que dice es mera ficción; como si el esperpento fuera una extensa corriente, con un nutrido grupo de escritores y de obras, como quien habla de la novela policiaca o del realismo mágico.

Dice que de todos los autores y personajes de la historia dela literatura organizaría una cena con Valle Inclán y me he detenido a reflexionar en tan arbitraria fijación (sin menoscabo del padre del mítico Max Estrella, Dios me libre); pero es que, amigos, tanta pasión y tanta entrega me hacen sospechar (háganme caso) que le pautaron un libro suyo en el cole, que se lo leyó en un periodo de sumisión y diligencia (Pedro Sánchez es tan amante de la literatura como de la taxidermia) y que ese hecho ha constituido tal hito en su vida y en su autoimagen, con tal cantidad de orgullo compensatorio que transformado en complejo, sin él saberlo, se ha vuelto en su contra (como siempre ocurre con los complejos).

¿Y qué pasa con Unamuno, Clarín, Cervantes, Espronceda, Larra, Cela, Miguel Hernández...? (de mujeres no digo nada porque eran pocas y estaban silenciadas en los planes de estudio). Al menos ha tenido el decoro de no decir que invitaría a Proust a una merienda para disertar sobre “En busca del tiempo perdido” o a Rainer María Rilke para enseñarle las rosas de los jardines del palacio presidencial. ¿Saben que el poeta y novelista checo falleció tras pincharse con la espina de una rosa?

“Recuerdo también el comienzo de las lecturas que quizá dan paso a la madurez, como Tolkien” _ ojo ahí, que en el Festival de Benicasim el noventa y nueve por ciento de los indis declaran haberse leído el señor de los anillos con sus casi 1400 páginas, sin apenas haber hojeado las primeras 0veinte. Porque Tolkien, como todos sabemos, está en el Top de la mentira literaria de nuestra generación.

“Recuerdo Alfanhuí , de Sánchez Ferlosio, que luego te llevaba a El Jarama. Me acuerdo de la colección Historias Color, unas ediciones de tapas duras, doradas. Y, cómo no, a Astérix .”_ Miren, esto sí.

Dice nuestro presidente que su intercambiadora y recomendadora de literatura es Begoña, una mujer sin título universitario conocido que de manera incuestionablemente “esperpéntica” ha llegado a “catedrática”.

Dice que nada de erudición, pero luego se descuelga con otra de sus lecturas de cabecera: los “Episodios nacionales” de Galdós, igual que los que afirman haberse leído la Biblia (que, salvo en un sacerdote, o un protestante es, en todos los casos, trola). Como yo sí la he leído (me pasa con el Ulises también), sé positivamente cuando alguien se “pega el pisto”.

Cierto es que nuestro presidente fue por letras (estudió Empresariales en El Escorial) pero los “Episodios nacionales” son una colección de cuarenta y seis novelas históricas redactadas entre 1872 y 1912. Y digo yo que...mucha sartén, para mí huevito... También están en su lista los “Nuevos episodios nacionales” de Almudena Grandes... ¿Y por qué no?

No me tengo por desconfiada, ni siquiera voy a echar mano de las múltiples ocasiones en las que Pedro Sánchez ha faltado a la veracidad sin despeinarse en los más variados asuntos, pero atendiendo a sus gustos musicales y conociendo su forma de vestir (pantalones vaqueros con desgastados artificiales, por ejemplo)... sé de buena tinta que nuestro excelso presidente no es un hombre de disparatada sensibilidad, ni sutileza.

Y eso me lleva a otro camelo: “Una habitación propia”, una obra, que está a todas luces, en las antípodas de los intereses de este hombre (heteruzo , aunque disimule) y que de haberse leído esta novela de Virginia Wolf lo sabría, como todos los que la conocemos.

Continua su entrevista con una afectadísima defensa de las “autoras” Laforet, Martín Gaite, Matute, Margaret Atwood, Elizabeth Strout... _cosa que las mujeres y las autoras le agradecemos; por otra parte, muy en la línea de ese video machista hasta la extenuación donde los barones Podemitas confiesan su gusto por la lectura de “autoras”.

Dice adorar los Sonetos de Lope de Vega y miren, sí me creo que tenga algún libro de los de BUP; es más, me lo imagino sentado sobre los peñascales de los jardines de la Moncloa con la sana intención de leer algunos versos ya de adulto, pero dudo que los haya entendido... Ay amigos, para entender la poesía no basta con leerla, como tampoco es suficiente entender las palabras que la forman, la poesía no es cosa de significantes, ni siquiera de significados, en la poesía median los silencios, la delicadeza y la abstracción sobre todo, algo para lo que Pedro Sánchez está definitivamente impedido.