Su infancia, nuestro futuro

«La historia nos juzgará. Cuando nuestros hijos crezcan nos juzgarán»

La RazónLa Razon

Hoy, 20 de noviembre, se conmemora la aprobación de la Declaración de los Derechos del Niño por las Naciones Unidas en 1959. Aprovechando este día, y siendo consciente de lo que hemos vivido en los últimos meses, es un buen momento para que los adultos nos planteemos qué mundo queremos dejar a nuestros hijos y nietos.

A mí me gustaría que mi hijo no pierda los derechos y las libertades que tanto le costaron conquistar a nuestros padres y abuelos. Es más, me gustaría que pudiera conquistar otros nuevos y legárselos a quienes lleguen tras él.

Quiero que sea feliz, que sea capaz de entenderse con el que piensa distinto, que se enriquezca con las opiniones de los demás y que tenga conciencia crítica para saber qué debe hacer en cada momento.

Quiero que crezca sabiendo que nació en un país plural, con una cultura vasta que cruza países y hermana continentes. Que, por muchas leyes Celaá que intenten arrinconarlo, pueda aprender en nuestro idioma común, el castellano de Cervantes, Clara Campoamor, Emilia Pardo Bazán o Federico García Lorca. Que valore la multiplicidad de acentos, caracteres y modos de vida que enriquecen una lengua hablada por 580 millones de personas en todo el mundo. Y que, para hacerlo, se instruya en un sistema educativo de máxima calidad, innovador, sin sectarismos, que mire al futuro en lugar de fomentar los rencores del pasado y que nazca del acuerdo en lugar del revanchismo político.

Quiero que disfrute la diversidad de los pueblos y se enriquezca con ella. Que entienda que no existe superioridad alguna justificable por historia u origen. Que todos los seres humanos son iguales en derechos y que la tiranía y el chantaje son detestables, los ejerza una mayoría o una minoría. Que atacar lo que nos es común en lugar de tender puentes y dialogar sobre nuestras diferencias solo genera odio y rencor.

Quiero que viva alejado de la crispación y que, por supuesto, no la vea en casa. Que luche por llegar a acuerdos con otros que no piensen como él. Que se centre en encontrar los puntos que nos unen y no los que nos separan. Y que pueda expresar libremente sus pensamientos y opiniones, allá donde esté. Que combata el pensamiento único. Este espíritu es el de mi generación, en el que me he criado yo. El espíritu de la Transición y la Constitución de 1978, otro de los grandes legados a conservar para nuestros hijos.

Además, quiero que sienta respeto y admiración por sus representantes políticos, como cuando yo era pequeño. Y que cuando se interese por alguna cuestión pública, la pueda defender sin que le encasillen en un lado o en el otro. Simplemente quiero que sienta orgullo al opinar, pensar, razonar o querer distinto a los demás.

Quiero que conozca el mundo, que acepte al diferente, que entienda y respete que hay muchas formas de vivir y de comprender. Que pelee por que no se discrimine a nadie por su raza, religión, sexo o procedencia.

Quiero que luche por un planeta donde nos abastezcamos de energía no contaminante y donde pueda conocer, conservar y apreciar el mayor número de especies de fauna y flora. O los glaciares y otras maravillas de nuestro planeta que están ahora amenazadas. Me gustaría que no tenga que vivir dentro de 50 o 60 años a 45 grados durante 3 o 4 meses en Madrid. Que pueda ver nieve en la sierra de Guadarrama y que nuestros pinares no se quemen año tras año para que sigamos conservando, por ejemplo, al lobo ibérico o la cabra montesa.

En definitiva, quiero que cuando sea mayor y me pregunte «Papá, ¿tú qué hiciste cuando eras joven?», le pueda decir con satisfacción que traté de trabajar por un país más libre, más justo, más democrático, más solidario, más tolerante, más avanzado, más tecnológico y más sostenible.

La historia nos juzgará. Cuando nuestros hijos crezcan nos juzgarán. Igual que hoy nosotros juzgamos a nuestros padres y abuelos, artífices de la reconciliación entre españoles y del progreso que hoy disfrutamos.

Hoy, en el día en el que se conmemoran los derechos de la infancia, no se me ocurre una mejor manera de reivindicarlos que seguir defendiendo la unión y concordia entre españoles. Sigamos trabajando.