El hombre que soñó que volaba

Reffet hizo algunas cosas sorprendentes como meterse en un avión que estaba en pleno vuelo

ALI HAIDEREFE

Tres de los sueños que más historias de ciencia ficción han provocado son viajar en el tiempo, ser invisible y volar. El primero, casi lo descartamos: después de este 2020, miedo me da ver lo que espera en el futuro y no saben la pereza que me entra pensar en ir al pasado y encontrarme con ese chavalín que era yo, y decirle que no sea idiota, que se olvide de ser periodista (y encima periodista de papel, ¿pero se puede ser más tonto?), y que mejor ponga una fábrica de mascarillas.

Lo de ser invisible era, principalmente, para espiar la intimidad de los demás, pero el invento de Facebook le ha quitado toda la emoción.

Queda volar. Y escapar. Vince Reffet se hizo famoso por eso. Utilizaba una mochila propulsora y unas alas de fibra de carbono para marchar por los aires como si fuera un pájaro, sólo que contaminando. Es lo más cerca que ha estado el hombre de volar. Reffet murió esta semana, según se ha explicado, entrenando y no se han dado más detalles de lo sucedido, lo que, en fin, deja poco margen para la especulación.

Reffet hizo algunas cosas sorprendentes como meterse en un avión que estaba en pleno vuelo. Aunque a mí lo que me sorprende es que alguien que ha sido capaz de volar, se le ocurra meterse en un avión.

Porque el avión es una cosa extraordinaria, a no ser que quieras comer o dormir. Me asombra la gente que se sienta en su sitio, se echa una cabezada, se despierta cuando le traen el desayuno y se lo toma, ¡y disfruta! de la comida: puede ser pollo, pescado o espinacas, porque más o menos todo tiene el mismo color y el mismo sabor. El señor que se lo ha zampado se prepara después para volver a echarse la siesta, mientras tú le observas e intentas que tu cabeza no se caiga en una de esas veces que has entrado en duermevela. Se te ha olvidado el reposa cuellos, te duele la espalda y temes que el de al lado, que se acaba de quitar los zapatos, se quite también los calcetines.

Sin embargo, la gente echa eso de menos. Durante el confinamiento mundial, algunas aerolíneas tuvieron la brillante idea de organizar vuelos que no iban a ningún lado. Es decir, cogías el avión, dabas una vuelta por el aire, a veces de hasta siete horas, y volvías al mismo aeropuerto. La primera vez que lo leí me pareció la idea más absurda del mundo. Pero resulta que ha sido un éxito. (Nota a mí mismo, por si vuelvo al pasado: deja de jugar a las cartas en la cafetería, y si no sabes crear mascarillas, ponte a pensar en los planes más absurdos para salvar las aerolíneas).

En fin, que Ícaro se hizo alas de plumas y le advirtieron que no volara, que el sol se las iba a quemar.

Y aun así, voló­.