El desahucio de Don Juan Carlos

Pedro Narváez

Hay quien sostiene que el JuanCarlosgate es una fábrica de republicanos. Me pasa lo contrario, cuanto mayores son los ataques más reafirman que si no hubiera monarquía esto sería un solar en venta en manos de fondos buitre. Podemos sí es una factoría de monárquicos. Cuando Pablo Echenique exige ejemplaridad resuenan risas enlatadas y una musiquilla ridícula como de Benny Hill con menos revoluciones. Si la República es un moño, prefiero el pelo suelto y cortito, como aconseja Carolina Herrera pasada la edad de ir apretados. Han confundido las cuentas del Rey padre con un capítulo de «The Crown», incluso los políticos que se desgañitan parecen actores sobreactuados a los que les encantaría mirar por el ojo de la cerradura de palacio por si encuentran a una Lady Di vomitando. El fin no es aclarar los asuntos financieros sino tomar la Corona y hacerse una foto de Iwo Jima. El Gobierno ha desenfundado demasiado tarde. Los socialistas saben que podían jugar a la ambigüedad mientras las aguas no se desbordaran porque una vez activado el tsumani ellos tampoco estarán a salvo de la ola del gran timonel. Sánchez gobierna bien en el conflicto pero llegados a este punto su cabeza tampoco está libre de la guillotina que preparan sus socios con todo el aparataje agrícola de la matanza del cerdo.
El Rey es caza mayor, pero después de su caída en el tablero sobrarán los peones que ayudaron al mate. En esta boca de lobo acuciada por las babas y la majestuosidad de los colmillos, los perros de presa de nuestra política están a ver quién hace más piruetas para que los votantes los elijan como mascotas. Otros que pasarán la historia como ejemplares cutres, niños acomodados en la democracia pija que creen que la herencia del padre durará toda la vida. Cuesta creer que la ley Celaá haga estragos antes de ponerse en marcha. Igual ya estaba inoculado el veneno. A diestra y siniestra, un puñado de adolescentes con traje se encierran en su cuarto creyendo que la vida es un videojuego. Don Juan Carlos busca una casa y a estos solo se les ocurre discutir sobre el precio del alquiler. Hasta que España quede desahuciada.