Suicidio progresista

Jose Maria Cuadrado Jimenez HANDEFE

Vimos a Sánchez antes de su forzada cuarentena ironizar desde la tribuna del Congreso con las referencias a la «república bolivariana» o a su Gobierno «socialcomunista», como si fueran algo extraterrestre o marciano. De todas formas, hemos avanzado un poco, porque hace unas fechas manifestó que no le gustaban estos calificativos. Así que seguiremos insistiendo en ello para alegrarle estas inmediatas «fiestas del afecto», término con el que designa la Navidad. Sin duda, a Sánchez le gusta más llamar «progresista» a su Gobierno, aunque esto dependerá del concepto que se tenga del progreso. Pero lo cierto es que no sé qué otra denominación más precisa podría tener un Gobierno compuesto por dos formaciones políticas, una socialista y la otra –«Juntas Podemos»– con su líder y vicepresidente del Gobierno autoproclamado «comunista», y con el PCE en él también «Juntas». Un Gobierno que tiene el dudoso honor de ser el primero en España con comunistas en su seno tras la caída del Muro de Berlín y la implosión de la Unión Soviética. No debía ser muy atractiva la idea comunista de progreso cuando ese Muro no era precisamente para impedir la entrada masiva de berlineses a disfrutar de la prosperidad del paraíso comunista.

Pero ayer el Gobierno socialcomunista de Sánchez dio un gran paso hacia este progreso, con un mejor futuro para todos: el suicidio será una prestación social, gratuita y dispensada tanto hospitalariamente como a domicilio, a elección del enfermo. O de sus derechohabientes.