No todos somos iguales
Enrique Bravo Priegue

Hay veces que por intentar incluir, excluimos. Que por centrarnos en que todos seamos iguales nos olvidamos de lo más importante: que no lo somos. No en derechos y valor intrínseco de cada uno, sino en las necesidades y requerimientos especiales que cada uno precisa. Intentar juntarnos a todos como iguales cuando no lo somos solo produce frustración e inadaptación a partes iguales, en ambas partes.

Nuestro deber como sociedad es brindarle a todos aquellos niños y jóvenes especiales y únicos, una enseñanza especial y única, acorde a su nivel; de la misma manera que a todos los niños y jóvenes con necesidades ordinarias ofrecerles una educación ordinaria. Pero hay que tener una cosa muy clara: no es para separar, segregar y olvidar a los primeros. Todos formamos parte de la misma sociedad. No son dos caminos que inequívocamente divergen hacia dos mundos distintos en direcciones opuestas. Son dos carriles próximos, que se dirigen al mismo sitio y de los que es nuestro deber hacer uno solo.

Dos carriles que con el esfuerzo de todos hagamos que sean transitables, convergentes y confluyentes. Todos tenemos mucho que aprender de todos.

Separarnos por nuestras mínimas diferencias no es la solución. Pero obviarlas e intentar aparentar que no existen tampoco lo es. Únicamente conseguirá privar de la ayuda necesaria a aquellos que la necesitan, y que pasen desapercibidos sin poder llegar a mostrarle al mundo todo lo que ellos pueden aportar a esta sociedad de la que todos formamos parte.

Enrique Bravo Priegue, alumno de Primero de Bachillerato del Colegio San Patricio de Madrid