El PSC pierde la independencia

Salvador Illa (i), acompañado del secretario general del PSC, Miquel Iceta (d)
Salvador Illa (i), acompañado del secretario general del PSC, Miquel Iceta (d) FOTO: Quique Garcia EFE

Para alguien que conozca mínimamente el PSOE, hay varias cosas que no cuadran en la operación de Illa para Cataluña. La primera es que si la mejor apuesta que tienen los socialistas catalanes es alguien menos federalista y menos próximo a las posiciones de ERC, es un reconocimiento expreso de que la estrategia que llevan siguiendo los socialistas catalanes desde hace años es un error monumental.

La segunda es pensar que un cambio de cara en el cartel electoral, en el último momento, va a enmendar este error. Además, con una operación tan arriesgada en la que el primer arma arrojadiza que usarán los independentistas es que, hasta el candidato, es una interferencia centralista.

El ministro de Sanidad es la figura más vulnerable del gobierno. En las próximas semanas veremos a empresarios del sector de la hostelería, a economistas, a médicos y a expertos escudriñar en todos los rincones de la gestión de la pandemia que, sin duda, tiene enormes boquetes.

Las 3 décimas de diferencia de valoración entre Illa e Iceta que han argumentado desde Moncloa y el PSC son una broma. La valoración de un político tiene que ver con el grado de conocimiento que la opinión pública tiene de él y el ministro es conocido, otra cosa es que le voten.

Es evidente que el ministerio que dice Iceta que ocupará, es una mera declaración de intenciones de Sánchez y no es la primera, ni la décima vez, que incumple su palabra.

Sin duda, la operación nace en la cabeza de Sánchez y los esfuerzos de los socialistas catalanes por afirmar que fue una idea de Iceta son claramente impostados.

El PSC no es un partido presidencialista, muy al contrario, las decisiones requieren de la participación y el acuerdo de una cúpula dirigente, por tanto, Miquel Iceta nunca ha tenido la legitimidad para abordar una cuestión de ese calado sin consultar a nadie.

Sin embargo, reconocer esto públicamente es duro para los socialistas catalanes, que tienen a gala ser un partido distinto al PSOE en el que este no tiene voz ni voto. A Sánchez le va bien que la operación parezca que nace de Iceta, es una forma de no ofender al electorado catalán pero, sobre todo, de eludir responsabilidades después de las elecciones, si se produjese un mal resultado para el PSC.

La posición del, todavía, primer secretario del PSC es más entendible. Si le indican la puerta de salida y tiene claro que electoralmente va a ser difícil pactar con ERC porque estos prefieren a Puigdemont, es mejor colaborar con Sánchez e intentar sacar algo entre las uñas.

Las declaraciones de Iceta sobre la posible cartera tienen más que ver con un intento de presionar al líder del PSOE asumiendo como hecho consumado lo que no es nada seguro. Mejor ser acreedor de un compromiso con testigos que en soledad.

Las elecciones catalanas tienen ahora otro interés, no ver si se mueve un voto, sino quién pagará los platos rotos.