El monedero de Podemos

«A Monedero, guardián de la calderilla, se le ha puesto cara de cajero automático»

FOTO: LUIS DIAZ

A Juan Carlos Monedero le gusta estar, como se dice en el cuché, en el candelero, antes candelabro, que es más «hipster» que lo de la luz y taquígrafos, expresión viejuna de los periodistas de la Transición. Luz, más luz, pero para los demás, que los abajofirmantes se mueven mejor en la oscuridad murciélaga, o lo que ellos llaman las cloacas, que además de lúgubres huelen mal, que es muy de echar para atrás a los cayetanos perfumados de Álvarez Gómez. Monedero es uno de esos personajes que siempre están ahí, como la figurita que se ponía encima del televisor, o una miss España, plurinacional en este caso, presente y eterna como un hombre del tiempo. Se dan pistas de que Monedero era el monedero de Podemos, el que guardaba la calderilla presuntamente desviada del partido. Lo último, 26.000 euros, qué es eso para un «okupa», con tal montante la clase trabajadora dice «quédese con el cambio».

Los morados eligieron a un señor con apellido en clave al que se le ha puesto cara de cajero automático que de tanto estudiar la moneda bolivariana se ha mimetizado en un bitcoin comunista. Tan al tanto de la calle está que extraña que no haya comentado nada del asunto en sus redes, ataviado con un chaleco gris rata y una corbata mal colocada, como si quisiera ahorcarse de mentira. Sí ha enviado un mensaje a quien corresponda. «Tengo la sensación de que a veces se nos marcha la democracia al pasado y los que hacían lo que les daba la gana en la dictadura piensan que pueden volver a hacer lo mismo en nuestra ’'democracia normal’'», así reza su último tuit de rara sintaxis cuando redacto estas líneas. Tan enigmático como la muerte de Elisa Lam en el Hotel Cecil. Ellos, que son de series, saben de lo que hablo. La «democracia normal» es utilizar facturas falsas para justificar un supuesto pago fraudulento o alarmarse, vade retro fascistas, porque un trabajador sea apartado de su cargo por hacer «El jueves» en los rótulos de un informativo de TVE. Los «jipilollas» de antaño hacían un calvo ante la autoridad competente, pero lo chulo, brother, es hacerse un monedero, que es un calvo a medio hacer.