Anécdotas del 23-F

La anécdota divertida la protagonizó doña Margarita, la ciega. Me la contó Doña Pilar

MD09 El próximo miercoles, día 22 de noviembre, se cumple el 25 aniversario de la proclamación de Don Juan Carlos I como Rey de España. En la foto de archivo (24-2-1981) Don Juan Carlos dirige un mensaje televisado a la nación tras el intento de golpe de estado del 23-F. EFE/TVE GOLPE DE ESTADO TENIENTE CORONEL ANTONIO TEJERO MOLINA
EFE/TVE EFE

A veces una anécdota deja de ser un hecho curioso irrelevante y se convierte en la pequeña luz del candil que ilumina el escenario, el detalle que faltaba para comprender lo que ha pasado. Estas que traigo aquí son anécdotas del 23-F. Me parece que describen, en conjunto, la inquietante atmósfera cargada de miedo y el desconcierto que se apoderó de los dirigentes españoles aquella tarde-noche, hace justo 40 años.

Aurelio Delgado, “Lito”, el cuñado y colaborador más cercano de Adolfo Suárez, llamó nerviosamente desde La Moncloa a sus hermanos para que juntaran todo el dinero que pudieran en efectivo; después se comunicó con el director del aeródromo de Sanchidrián (Ávila) y contrató de palabra una avioneta para trasladar aquella noche fuera de España a Amparo Illana, la mujer de Suárez, y a sus hijos. Poco después se presentó en el despacho de “Lito” el capitán de fragata, Nicolás Lorduy, ayudante militar del presidente, y le anunció que se unía al golpe y se iba al Congreso de los Diputados. También estaba dentro del Congreso “Tito” Gorostegui, comandante de Caballería y ayudante de Gutiérrez Mellado. Fueron dos infiltrados, que consiguieron entrar y salir del edificio, lo que da idea del desbarajuste, y proporcionaron valiosísima información de primera mano para desbaratar la intentona. Por si acaso, el general Gutiérrez Mellado encargó a su ayudante que, si prosperaba el golpe, sacara a su familia a la Embajada de Panamá.

En La Zarzuela se había agrupado toda la familia. Habían acudido las hermanas del Rey y sus maridos, mientras don Juan llamaba insistentemente desde Estoril. Pilar era la encargada de atender a su padre. Dentro reinaba la confusión. Había miedo a la llegada de la Acorazada. Don Juan Carlos llamaba a los capitanes generales. Estaban indefensos. Sólo un soldado custodiaba la puerta de entrada aquella noche. La anécdota divertida la protagonizó doña Margarita, la ciega. Me la contó Doña Pilar: “Mi hermana de vez en cuando se queda dormida. Está sentada, inclina la cabecita y se duerme profundamente. Es lo que ocurrió esa noche. Estábamos todos aterrados, porque temíamos que en cualquier momento llegaría la Acorazada Brunete. ¡Es que creíamos que venían los tanques! Y en eso sonó un fuerte ruido. Mi hermana pegó un salto en la butaca y dijo: “¡Coño, los tanques!” El ruido procedía del aire acondicionado que acababa de ponerse en marcha. Pero pasamos mucho miedo esa noche”.