Castillejo y las democracias destronadas

Se hundieron varias democracias, de ahí el título del libro, que habla de España desde una perspectiva más amplia

En la imagen, el Gobierno provisional de la República, presidido por Niceto Alcalá Zamora. De izquierda a derecha: Manuel Azaña (2i), Alvaro de Albornoz, Alcalá Zamora, Miguel Maura y Gamazo, Francisco Largo Caballero, Fernando de los Rios, Alejandro Lerroux y Santiago Casares Quiroga.
EFE

Aconsejado por Andrés Trapiello, he leído el libro de José Castillejo, Democracias destronadas. Un estudio a la luz de la revolución española 1923-1939, escrito en plena Guerra Civil en inglés, y que permaneció inédito hasta que fue publicado por Siglo XXI en 2008, con prólogo de Rafael Núñez Florencio y traducción de Ana Clara Guerrero. Dice Trapiello que este es «su póstumo, lúcido, exhaustivo e imprescindible libro».

Destacado pedagogo y jurista, secretario de la Junta para Ampliación de Estudios, Castillejo (1877-1945) se refugió en la embajada británica en Madrid en 1936, salvando así la vida, porque lo perseguía la UGT para darle el «paseíllo». Estaba lejos de ser partidario del otro bando de la guerra. Fue depurado por la dictadura franquista en 1939, y Serrano Súñer lo calificó como el hombre «más funesto que había visto nacer España». En realidad, fue una persona ilustrada y valiosa, pero ambos bandos lo relegaron, por haber rechazado a «los hunos y los hotros», como dijo Unamuno. Integra la lista de los que Trapiello llama «perdedores absolutos», como Chaves Nogales, Elena Fortún o Clara Campoamor: «a esos ni unos ni otros les resarcieron con nada, fueron condenados al olvido. Demasiado libres y, sobre todo, testigos incómodos de los crímenes de los republicanos».

Y de esto va el libro, de explicar la Guerra Civil, y el fracaso de la república y las democracias, no solo en España: «La caída de las democracias no puede ser una mera coincidencia o el daño gratuito provocado por déspotas obstinados y todopoderosos».

Rechaza Castillejo tópicos sobre el asunto. No se enfrentó la mitad de España contra la otra mitad: el desastre fue una evolución de sucesivas rupturas del orden social: «la destrucción de la legalidad civil es un rasgo común al fascismo y al socialismo».

No fue nuestro país un caso de atraso excepcional en su desarrollo político: «España tenía una democracia tan avanzada como Italia antes del fascismo, y más avanzada que Alemania». Se hundieron varias democracias, de ahí el título del libro, que habla de España desde una perspectiva más amplia: «La caída de la democracia española no puede atribuirse a la carencia de educación , porque, ya antes de que esto ocurriera, Alemania e Italia habían derribado las suyas».

Y los liberales tuvieron también su responsabilidad, al haber abdicado de sus principios.