Del 15-M al BLM

Andrew HarnikAP

La reciente historia nos muestra cómo, sin solución de continuidad, movimientos en apariencia surgidos como espontánea reacción de ciudadanos vulnerables y sensiblemente afectados por una crisis que les golpea con dureza, se transforman en actores políticos de primera línea. Un ejemplo paradigmático de ello es el caso del 15-M, que en apenas cinco años ha pasado de la agitación callejera al Consejo de Ministros, nada menos. Comparar los hechos con las promesas de eliminar la casta dominante, es harina de otro costal, pero su ejemplo parece ha creado escuela, llegando incluso a EE UU.

Allí, tras la insurrección producida por la muerte de George Floyd a manos de un policía en junio pasado, el movimiento BLM alcanzó renombre mundial, incidiendo de manera directa en la campaña presidencial. Las tres fundadoras del movimiento, que se autoproclamaron como «marxistas entrenadas», ya han anunciado su intención de dar el salto a la arena electoral política para «luchar por el antirracismo».

El éxito obtenido les ha llevado también a recibir decenas de millones de dólares en concepto de pingües donaciones, de las que, por cierto, brilla la opacidad de sus fuentes. El NYT publica que una fundación del Partido Demócrata les financió con 40 millones de dólares, y que se niegan a informar de sus donantes, mientras se especula que uno pudiera ser China, al tiempo que se reparten fotografías de las lideresas con Maduro. Como ven, nada nuevo bajo el sol de Podemos y el 15-M.