Pobre PSOE de Madrid

La apuesta de Sánchez por Ángel Gabilondo ha tenido como resultado un partido socialista madrileño desnortado y sin liderazgo seis años después

El candidato socialista para la presidencia de la Comunidad de Madrid, Ángel Gabilondo
El candidato socialista para la presidencia de la Comunidad de Madrid, Ángel GabilondoEVA ERCOLANESEPartido Socialista / EFE

Si hacemos un promedio de los diferentes sondeos y estudios electorales que se han realizado de cara a las elecciones del 4M, los resultados son desalentadores para el PSOE porque marcan un ligero retroceso en votos.

El resultado no es normal en un momento en el que el Partido Popular sufre serios problemas judiciales, carece de un liderazgo nacional emblemático y ha cosechado sendas derrotas en algunos territorios.

La apuesta de Sánchez por Ángel Gabilondo ha tenido como resultado, seis años después, un PSOE madrileño desnortado, sin liderazgo y sometido a los experimentos que se le ocurren al último asesor llegado a la Moncloa.

Las operaciones de paracaidismo en los primeros números de la lista han sido calificados como el primer paso para recuperar Madrid en el 2023, algo inaudito en medio de una campaña electoral.

Es el reconocimiento tácito de que, por un lado, se da por perdido el 4M y, por otro, de que se han desperdiciado las últimas oportunidades.

El PP no tiene el mejor candidato de su historia. Díaz Ayuso no tiene la solidez de Ruiz-Gallardón o de Aguirre en su momento, ha tenido un gobierno de coalición cargado de fricciones y ha lidiado con la pandemia enfrente del Gobierno de España arriesgando en cada decisión que ha tomado.

En realidad, el PP madrileño lleva años de crisis, solo hay que recordar la salida estruendosa de Cifuentes y el salto político de Garrido. Es para asombrarse que los populares estén prácticamente duplicando sus escaños. La pregunta que viene a la cabeza es dónde ha estado la oposición y qué han hecho durante años Gabilondo y su ayudante Franco.

Parece ser que el primero ha estado hibernando hasta que le nombrasen Defensor del Pueblo o algo similar, imbuido en la creencia de que es menos estresante.

Al segundo le ha ido algo mejor, primero le nombraron Delegado del Gobierno y, ahora, Secretario de Estado, para retorcimiento de las vísceras de Simancas que desde la época de Zapatero lee el BOE conteniendo la respiración por si le toca algo. Desgraciadamente lo único que ha conseguido es aprender varios oficios, incluido el de pocero y el de cerrajero.

Pero las decisiones estériles no solo se han realizado en Madrid. En Cataluña, por ejemplo, el efecto Illa ha durado un día y quinientas noches. Lo que interesa en este momento es cómo se germinará el acuerdo de ERC con Junts y no se ha constituido ni fortalecido una alternativa de verdad frente al independentismo.

El próximo experimento toca en Andalucía. Susana Díaz no será la candidata socialista, es algo que sabe todo el mundo excepto ella. Sánchez ya ha decidido probar una nueva quimera que le dé el poder en el potente PSOE andaluz. Nuevamente, la intervención tiene más carácter interno que electoral.

Desde aquél triunfo histórico de Pedro Sánchez el día que el PSOE sacó 90 diputados, los éxitos cósmicos se han sucedido en las declaraciones públicas, porque gobernar, solo se ha conseguido en donde no ha puesto la mano.