O reformas o elecciones

Para ser más exactos, se antoja harto difícil contemplar por parte del actual jefe del Ejecutivo una inmolación electoral similar a la protagonizada por Rodríguez Zapatero allá por 2011

FOTO: EUROPA PRESS/E. Parra. POOL

Pedro Sánchez es el primer presidente de nuestra actual etapa democrática que, a diferencia de sus antecesores tendrá que lidiar en lo que quede de legislatura –y tal vez en la próxima si consigue revalidar en las urnas su permanencia en la Moncloa– no solo con la mayor crisis económica en décadas, sino además con su fatídico carácter de inesperadamente sobrevenida de la mano de una terrible pandemia. Hasta aquí cualquiera estará de acuerdo. Otra cosa bien distinta será el cómo y con qué sacrificios –incluidos los del desgaste de imagen– afrontará un gobierno de coalición como el actual ese esfuerzo extra vía reformas que insistentemente recuerda la Unión Europea para encarrilar la salida del atolladero. Para ser más exactos, se antoja harto difícil contemplar por parte del actual jefe del Ejecutivo una inmolación electoral similar a la protagonizada por Rodríguez Zapatero allá por 2011, cuando comparecía en la tribuna del Congreso de los Diputados para anunciar un durísimo ajuste que, entre otras nada populares medidas incluía la congelación de las pensiones, un golpe de timón de ex presidente obligado por el baño de realidad recibido por la OCDE y sobre todo por los socios europeos, aterrados ante el posible efecto arrastre de un desplome de la economía española. Golpe de timón que, con todas las luces y sombras de su gestión –a cada cual lo suyo–supuso un verdadero y auténtico ejercicio de responsabilidad y altura de miras en un «ZP» que tuvo que abandonar aquella mañana la tribuna del hemiciclo escuchando en la entretela de su propio grupo parlamentario el susurro «hoy hemos perdido de largo las próximas elecciones».

No resulta en este sentido ni gratuita de casual alguna información que hemos oído y leído en el transcurso de la semana a propósito de las líneas rojas marcadas por el Gobierno, tanto en lo relativo a reforma laboral, como a fiscalidad y reforma de las pensiones, frente a las reformas que exige la Unión Europea, si realmente pretendemos que de los 1,8 billones de euros habilitados para reconstruir la economía continental, ciento cuarenta mil vengan a España. El aviso –filtrado a soportes de difusión bien elegidos– es claro, el partido socialista no va a traicionar a su electorado de izquierdas con el trágala de tamañas reformas ergo, relato ya hay de sobra. Antes que inmolarse como «ZP», nuevo reparto de cartas, amarrar el poder y después claro está, «donde dije digo» y a escuchar a Europa.