El esperpento independentista
Creo que habrá un gobierno independentista con ERC y JxCat, porque hay muchas bocas que alimentar
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Durante mucho tiempo los catalanes teníamos la imagen de ser gente seria y trabajadora. Son esos tópicos, a veces muy irritantes, que se presentan como una característica común para todos los habitantes de un territorio. He de reconocer que siempre he sido muy escéptico y les otorgo una credibilidad similar al horóscopo, el ocultismo o el tarot. Hay sesudos estudios sobre todo ello, realizados incluso por antropólogos o historiadores, pero su rigor me parece muy cuestionable. En definitiva, me producen la misma confianza o credibilidad que los politólogos, que son los nuevos chamanes de los medios de comunicación y la política en general.

A pesar de ello, voy a escoger como excusa ese rigor y laboriosidad que se otorgaba a los catalanes, para expresar mi asombro por el despropósito que se vive en mi tierra. Los independentistas están mostrando una capacidad tan enorme de superarse en el ridículo que hace que añore, perdón por el exceso irónico, los tiempos de Pujol. Ahora sabemos que había una cleptocracia desaforada y CiU era una «gestoría» en las Cortes al servicio del empresariado catalán, pero tenían un cierto sentido del ridículo. Esto les impedía actuar como botarates a diferencia de lo que sucede con Aragonés, Puigdemont, Borrás, Jordi Sánchez y tantos otros personajes irrelevantes, que son profesionales de la política en el peor de los sentidos.

La política catalana se ha convertido en el paraíso de los mediocres y en un enorme abrevadero al servicio del independentismo. La cantidad de personas que viven a costa del patriotismo de chequera es impresionante y han convertido la independencia en una profesión. Hace años que las instituciones catalanas están ensimismadas con la independencia. La ineficacia, incompetencia y despilfarro quedan camuflados en una maraña de mentiras y manipulaciones al servicio de ese patriotismo que hace que Cataluña retroceda a marchas forzadas.

Es verdad que mucha gente no se da cuenta, porque sus vidas en pueblos y ciudades no han cambiado. El problema está a medio plazo, como sucedió con Quebec, porque los indicadores demuestran que la locura independentista es un lastre para el crecimiento económico. Cataluña ha dejado de ser, además, un destino cultural y socialmente atractivo. A esos «patriotas» de la chequera no les importa, porque viven muy bien costa de la Generalidad.

Nadie sabe nada. Es la única certeza, pero creo que habrá un gobierno independentista con ERC y JxCat, porque hay muchas bocas que alimentar. No hay nada como los estómagos agradecidos.