La vía peruana hacia el comunismo
“Perú, con cerca de 35 millones de habitantes, se alineará junto al castrismo”
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Pedro Castillo significa la vía venezolana de Perú hacia el comunismo. Si su victoria se confirma, los expertos aseguran que con él no habrá en el futuro elecciones libres sino adulteradas. El castrismo sigue siendo una mancha de grasa que, en mayor o menor grado, continúa extendiéndose por Iberoamérica.

Fidel Castro le dijo a Hugo Chávez: «Es necesario poner los pies sobre la realidad. En el siglo XXI solo será posible el comunismo con elecciones». «¿Pero, y si se pierden?», preguntó alarmado el líder venezolano. «Es que no se pierden –contestó Castro–. Se manipulan». Y el sucesor de Chávez, Nicolás Maduro, tras ser derrotado en las legislativas, se inventó una Asamblea nueva. Y santas pascuas, ahí sigue.

En 1964 fui enviado especial del ABC verdadero para cubrir las elecciones en Chile. Durante una cena en Isla Negra, en la casa de Pablo Neruda, abierta al océano, Salvador Allende dijo: «La verdadera democracia consiste en que esté en el poder la clase mayoritaria, el proletariado, aunque las clases burguesas, la clase media y la clase alta tengan mayoría». Ganó Eduardo Frei, padre, aquellas elecciones, pero al siguiente envite Allende se alzó con la victoria, condujo al país hacia el redil del comunismo y el Ejército desbarató la operación en los mercados de la sangre. Y, como suele ocurrir, el médico llamado de urgencia, el general Pinochet, se quedó de cabecera.

Si se confirma la victoria de Pedro Castillo, si no prosperan las denuncias de fraude de Keiko Fujimori, Perú, con sus cerca de 35 millones de habitantes, se alineará en los desfiladeros de la política junto al castrismo iberoamericano. El país de Mario Vargas Llosa, el idioma en llamas, es una gran nación con una minoría intelectual de primer orden. Lima, esa gota del antiguo Imperio español temblando sobre la arboleda del tiempo, ha sido desde el siglo XVIII una de las grandes ciudades del mundo. La Universidad de San Marcos, fundada en 1551, es la más antigua de América. Son muchos los que temen que las palabras huyan despavoridas de sus aulas con Pedro Castillo en el poder.