La increíble hegemonía neoliberal
Los impuestos no han bajado y ningún Estado del mundo se recortó de manera apreciable
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La habitual combinación progresista de arrogancia y desconcierto apareció en un artículo en «El País» titulado: «Biden quiere enterrar la herencia neoliberal». En su página web el diario era aún más extremo: «Joe Biden quiere enterrar 40 años de hegemonía neoliberal».

El texto de Claudi Pérez era diáfano en la idolatría que suscita el presidente norteamericano, y también en el riesgo que esa ofuscación conlleva. Por ejemplo: «El presidente de Estados Unidos es más ambicioso que los líderes europeos en buscar soluciones para reactivar la economía con un programa de estímulos sin precedentes».

Está claro que le gusta por sus ambiciones reactivadoras sin precedentes. Ni una línea dedica el periódico a considerar la posibilidad de que el gasto público no sea gratis, y que su coste pueda tener contraindicaciones. Pero dejemos esto de lado, porque esta forma de argumentar del estilo economía vudú está bastante generalizada. Pongamos el foco en aquello que el épico Biden quiere enterrar: el neoliberalismo.

No hay duda de que eso es para don Claudi una cosa malísima, que es mejor sepultar para sustituirla por una cosa muy diferente y mejor. Esta es su espectacular definición del neoliberalismo: «se resume en desregulaciones, menos impuestos, privatizaciones, globalización y, en fin, el poder magnético de los mercados eficientes por encima de casi todas las cosas».

Señora, según «El País», por tanto, hemos tenido cuarenta años, cuarenta, de bajadas de impuestos, y de una nítida retirada del Estado en beneficio del sector privado y el mercado.

En «El País» no pueden ignorar que eso que dicen no es verdad. Usted y todos sabemos que los impuestos no han bajado, y que ningún Estado del mundo se recortó de manera apreciable. Lo habríamos notado. Don Claudi, en lugar de pontificar que la presión fiscal y las regulaciones han caído durante cuatro décadas, podría haberse molestado en echar un vistazo a las cifras, o al B.O.E., o en hablar con algún contribuyente.

Ante tan flagrante distorsión de la realidad, sospecho que la explicación puede estar en la fecha: 40 años. Es decir, las tremendas décadas de la crisis del comunismo y las grietas del Estado de bienestar, que dejaron a las izquierdas sumidas en el desconcierto. De momento, lo están intentando superar inventándose que hemos vivido cuarenta años, cuarenta, de una increíble «hegemonía neoliberal».