La autodeterminación de Pablo Casado
En ese tránsito empresarial hacia el apoyo a los indultos, quien sobra es Casado
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Pablo Casado recibió la amable invitación del Círculo de Economía de Cataluña para que interviniera en sus jornadas anuales. Casado acudió y fue abroncado y vilipendiado en público por no apoyar los indultos. Pedro Sánchez recibió la misma amable invitación. Sánchez acudió y fue agasajado, mimado y ovacionado. En esos mismos días, el presidente de la CEOE pronunció seis palabras que le persiguen desde entonces: «Si sirven para normalizar, bienvenidos sean», en referencia a la medida de gracia del Gobierno. Después ha dicho que «ni apoya ni desapoya» los indultos, pero un jardín embarrado siempre deja algún resto en la suela del zapato.

Hay un sector importante del empresariado que, como Sánchez, ve en los indultos un efecto balsámico y terapéutico que devolverá la normalidad a Cataluña y, como consecuencia, a las empresas, incluidas las muchas que optaron por trasladar su sede oficial a otras comunidades de España como consecuencia del proceso independentista. En ese tránsito empresarial hacia el apoyo a los indultos, quien sobra es Casado.

La tradición dice que los partidos de derechas tienden a representar los intereses empresariales. Ahora que, debido a esta circunstancia concreta, ese dogma parece haber virado, Pedro Sánchez se ha convertido en eso que la izquierda suele utilizar contra sus adversarios políticos: en el hombre del Ibex 35, icono con el que se representa al poder económico. La ministra Reyes Maroto, encargada de darle tronío a la novedad, dice haber visto «un clamor general en el conjunto de los empresarios no solo catalanes, sino también de los españoles» en favor de los indultos. Y, de algún modo, la ministra tiene coartada para hacer tal afirmación, porque a las manifestaciones de determinados empresarios a favor de la medida de gracia solo le ha seguido una repuesta de potencia mediática no equivalente. «Casado se queda solo», constatan los portavoces del poder socialista.

Pero el líder del PP ha creído encontrar en ese problema la oportunidad de reivindicar su autodeterminación política frente a «los ‘lobbies’ en búsqueda de fondos europeos», porque «ningún cabildeo cortesano logrará apartarnos de nuestro camino». Pablo Casado tardará en olvidar la escena del Círculo de Economía.