Arocena Versus Battisti
Ningún escritor que haya pedido la libertad de Arocena será jamás distinguido como no sea con su limpia conciencia
Zoé Valdés

Eduardo Arocena ha sido liberado tras pasar 39 años en una cárcel norteamericana, en Minnesota, una de las cárceles más distantes de donde vive su familia, en Miami. Arocena, quede claro, no fue liberado gracias al perdón presidencial de Joe Biden; no, Arocena fue liberado porque está a punto de morir. Al salir de la cárcel no reconoció ni a su esposa ni a sus hijos. Su liberación ocurrió para que no se les muriera en la cárcel, por una decisión meramente «humanitaria» de los responsables de la prisión en la que se hallaba desde hacía 39 años. Para mi todo no ha sido más que una gran crueldad y otra humillación a esa familia y a los cubanos.

Eduardo Arocena, cubano exiliado, fue apresado en 1984, tras ser acusado de ser «Omar», jefe de Omega 7, un grupo de patriotas cubanos que decidieron tomar la justicia de su mano, en una época en la que muchos hicieron lo mismo, empezando por Fidel Castro, que muchísimo antes declaraba en la ONU que ellos podían ser los mejores terroristas del planeta y el Che Guevara declarara también en la misma ONU que «fusilaremos, y seguiremos fusilando».

En 1980, el bailarín Antonio Gades visitaba Cuba, delante de mí y de otros le preguntó a Fidel Castro, en el restaurante La Bodeguita del Medio, qué debía hacer para liberar a España del capitalismo (recién había ganado la presidencia Felipe González), Fidel Castro contestó: «Álzate en las montañas, haz la guerra de guerrillas (o sea, terrorismo); nosotros aquí nos encargamos de entrenarte». Gades sonrió enternecido. Hugo Chávez y Nicolás Maduro fueron entrenados en Cuba, las FARC son el producto de la revolución castrista. No hay guerrilla o movimiento terrorista en el mundo en los que no esté implicado el régimen de los Castro. ETA en diversos casos fue entrenada y encontró refugio en La Habana. De modo, que habría contextualizar el caso Eduardo Arocena y al grupo Omega 7. Aunque, por otro lado, lo más importante, a Eduardo Arocena no le pudieron probar que fuese el personaje de «Omar». Así y todo, debió soportar 39 años encarcelado a cal y canto, con un sistema de visitas en el que su familia sólo pudo verlo un total de 18 meses en todo ese tiempo.

Misma época, en Italia, Cesare Battisti, miembro de la ultraizquierdista PAC (Proletarios Armados por el Comunismo) (https://fr.wikipedia.org/wiki/Cesare_Battisti_(terroriste)) se dedicó a ametrallar familias dentro de sus negocios. Una de esas familias poseía una joyería, Battisti entró en la tienda, ametralló a todos. Sólo quedó el adolescente de la familia, que estará baldado toda su vida en una silla de ruedas, con el trauma de haber vivido la masacre de su familia. Cesare Battisti por obra y gracia pudo huir de Italia después de haber confesado todos los crímenes contra 4 familias, de haber sido condenado. Huyó a Francia donde el presidente François Mitterrand le brindó absoluta protección durante 14 años en los que el terrorista se volvió escritor, fundó una familia. Al cabo de este tiempo, y Francia con el presidente Jacques Chirac, Italia reclamó su extradición, fue apresado, y sin embargo, con la ayuda de los Servicios Secretos franceses –como él mismo contó– huyó luego hacia Brasil donde lo recibió casi con honores el presidente Lula da Silva. Al irse Lula y tomar posesión presidencial la ex guerrillera y ex terrorista Dilma Rousseff, Cesare Battisti obtuvo igual tratamiento de protección. En Brasil fundó otra familia, tuvo hijos. Hasta que otro presidente, Michel Temer, aceptó el reclamo de extradición de Italia. Battisti fue apresado, pero, oh milagro, otra mano conspirativa le resolvió la fuga hacia Bolivia, donde finalmente al tiempo fue capturado y condenado a perpetuidad en Italia. Los mejores años de la vida de este criminal los vivió en libertad y pasando por escritor.

Mientras Cesare Battisti era defendido por los intelectuales de izquierda del mundo entero, encabezados por Gabriel García Márquez, Eduardo Arocena era olvidado y sólo unos pocos reclamamos su libertad. Libertad merecida porque no sólo los cargos no habían sido todos probados, además no había habido muertes constatadas a su nombre, nunca se probó que Arocena fue «Omar». El escritor cubano exiliado en París desde los 60′, Eduardo Manet, exigió en carta liderada por la escritora Fred Vargas, la libertad de Cesare Battisti, jamás hizo lo mismo por Eduardo Arocena. Fred Vargas fue condecorada con el Premio Princesa de Asturias, pese a su extrema defensa del connotado terrorista comunista. Ningún escritor que haya pedido la libertad de Arocena será jamás distinguido como no sea con su limpia conciencia.

Cuánta diferencia en el trato de uno y otro. Tras la liberación del cubano, varios de sus antiguos compañeros han deseado detener el tema, tratado mediante el periodismo. Se ha dicho, dañando todavía más la imagen del ex reo, sin consideración por su estado de salud debido a lo cual no puede responder, que Arocena fue un chivato. Habrá chivado mal, porque ninguno de los que lo tratan de delator afrontó los 39 años privados de libertad. Aunque eso es otro tema.