El fondo de reptiles catalán
En Cataluña no impera la ley sino el clientelismo y el sometimiento de las instituciones al independentismo
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Es justo reconocer que es ingenioso definir como fondo de reptiles el sistema organizado por el gobierno catalán para pagar las multas del Tribunal de Cuentas. Esta denominación de Casado es muy acertada. No importa, a los independentistas les encanta burlarse de las instituciones y malversar fondos públicos. Es un fraude escandaloso que pagamos todos los españoles ante la inacción del gobierno que, incluso, estará contento porque le resuelven un problema. La creación de un fondo público de 10 millones para pagar las multas del Tribunal de Cuentas es una decisión insensata e indigna, pero nos hemos acostumbrado a todo. El grado de impunidad es tan enorme que ya no nos sorprende. Hasta hubiéramos encontrado lógico, dicho irónicamente, que el consejo de ministros aprobara este martes un crédito especial para abonar las multas en nombre de todos los españoles como si fuera una paga extraordinaria de verano. Hay que empatizar con los sufridos golpistas y entender que el Tribunal de Cuentas tiene que ser el brazo armado que ejecute la política gubernamental.

La solución ha sido crear «un fondo complementario de riesgos», con una aportación inicial de diez millones, de rescate a «los servidores públicos en el ejercicio de su cargo», que sea una garantía para que una entidad bancaria privada avale las multas. A todos nos suena a tomadura de pelo y es un auténtico fondo de reptiles para favorecer a los amiguetes. Es curioso que la cifra sea el doble que las multas, pero ya se sabe que en Cataluña no impera la ley sino el clientelismo y el sometimiento de las instituciones al independentismo. Malversación tras malversación, no contentos con la corrupción de las últimas décadas, quieren construir la república catalana. Es la expresión de la impunidad que existe en mi tierra, donde cualquier estrambote es posible. Estamos ante una decisión que solo tiene fundamento en el caciquismo y no en el ordenamiento jurídico, porque es una malversación y una prevaricación. No me sorprende la falta de ética e incluso la impericia que muestra esta zafia artimaña que, a pesar de la desidia del gobierno, no puede llegar a buen puerto. No veo ninguna actuación crítica hacia la Generalitat como mostraba y sigue mostrando contra Ayuso. Podemos constatar que hay ciudadanos de primera y de segunda.