El santo olvidado

El volumen describe los debates teológicos de la época, y la lucha de la Iglesia contra las herejías, brindando muchos detalles sobre Domingo de Guzmán

GVA

Se han cumplido ochocientos años de la muerte de Domingo de Guzmán, fundador los dominicos. La teóloga Isabel Gómez-Acebo publica en Ediciones San Pablo un excelente libro sobre él, con el título de: El santo olvidado.

La escritora Carmen Posadas, en la reciente presentación del libro, recordó que la única noticia que muchos habíamos tenido hasta hoy de este gran santo de la Iglesia había sido «Dominique», que compuso e interpretó en 1962 la cantante belga conocida como Sor Sonrisa. El texto de la profesora Gómez-Acebo, por tanto, llena un vacío, permitiendo al gran público acceder a la vida y la labor ejemplar de este santo olvidado.

El volumen describe los debates teológicos de la época, y la lucha de la Iglesia contra las herejías, brindando muchos detalles sobre Domingo de Guzmán y también sobre la vida religiosa en la Edad Media, cuando se fueron extendiendo las ideas sobre la austeridad material, el desapego por los bienes terrenales y el cultivo y el aprecio por la entrega a los demás, en particular a los pobres, característica del cristianismo. Se cruzará el protagonista con san Francisco, el poverello, al que Domingo admiraba, y al que la autora dedicó otro libro estupendo.

También aparecen dimensiones económicas y políticas, como cuando en 1203 Alfonso VIII planea casar a su heredero, Fernando, con una princesa danesa, sobrina del rey Valdemar II, «la corte más enemistada con Inglaterra», y le pide a Diego de Acebes que viaje como su embajador para terminar de formalizar el contrato nupcial, aclarándole: «son pocos los castellanos que se han aventurado tan al norte, salvo algún comerciante interesado en los encajes que allí se producen, la pallia frisonica, los llaman, y que parece son de una calidad extraordinaria». Con él viajará Domingo de Guzmán, que terminaría por organizar una gran orden predicadora.

Otro ejemplo de reconocimiento de la importancia del mercado, que no es frecuente en los libros de temas religiosos, y a veces tampoco en los de religión, es cómo explica Isabel Gómez-Acebo la pobreza generalizada en la sede del Papa: «a Roma no habían llegado los nuevos tiempos del comercio, que generaban trabajo y dinero en otras ciudades italianas». Y también en una faceta de los cátaros: «son pioneros del comercio, admiten el interés del dinero y se les conoce como los tejedores, porque tienen florecientes negocios de telas».