Con vosotras, afganas

Existe un manifiesto, que, si nos pusiéramos en la piel de una afgana, querríamos que todo el planeta tuviera a bien firmar.

Al margen de la política, los errores, las incompetencias, las negligencias, los frustrados intentos de libertad y democracia, los fatídicos pasos que han conducido dramáticamente a la tragedia humanitaria que vive hoy Afganistán, existe un manifiesto, que, si nos pusiéramos en la piel de una afgana, querríamos que todo el planeta tuviera a bien firmar.

Sus tres puntos fundamentales son:

1.- Exigir al poder talibán que mantenga abiertas las fronteras para que quienes deseen abandonar Afganistán puedan hacerlo y liberarse así de un poder fanático impuesto por las armas.

2.- Solidaridad y compasión en la repatriación de extranjeros y afganos (especialmente afganas) en peligro inminente, «hayan estado o no al servicio de Estados o instituciones que los talibanes consideran enemigos».

3.- Atención preferente a las mujeres en riesgo por haber «desempeñado tareas profesionales prohibidas por los talibanes, asistido a escuelas y universidades, conducido su vida al margen de una moral fanática o cualesquiera otros motivos».

La comunidad internacional, cada vez más unida, sensata (queremos creer) y globalizada, con la única bandera de los derechos humanos, el respeto de la libertad y el amor a la humanidad, no puede mirar hacia otro lado y ha de seguir denunciando injusticias y defendiendo a los oprimidos.

Afortunadamente en nuestro país, el empoderamiento femenino ha dado buenos frutos. Cada vez se valora más el talento femenino, que junto a las capacidades eminentemente masculinas, forman un gran equipo, optimizando la calidad tanto humana como profesional de las empresas. Por fin nos acercamos cada día más a la ansiada igualdad en muchos aspectos.

Ojalá el activismo feminista, feroz a veces con los hombres, demostrase esa misma ferocidad empatizando y defendiendo a esas mujeres que verdaderamente necesitan un activismo que proteja lo más sagrado: su propia vida.

Estamos con vosotras, mujeres afganas. No vamos a dejar que volváis a ser bultos negros y silenciosos.

No quiero terminar este homenaje a todas esas mujeres, desprotegidas, que están siendo obligadas a retroceder siglos para volver a ser invisibles (en el mejor de los casos), sin expresar mi admiración hacia todas las mujeres que vencieron sus propios miedos y cambiaron nuestra historia para mejorarla infinitamente. Nos toca ayudar.