Sánchez aprieta pero no ahoga

El presidente tiene un pato de la Laguna de La Ricarda -pongamos que lo llama ‘Curly’-, y sobre ese pato edificó la iglesia de la confusión sanchista en la que anda perdido el independentismo

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a su llegada al Centro Integrado de Formación Profesional de La Laboral que hoy ha visitado en Gijón
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a su llegada al Centro Integrado de Formación Profesional de La Laboral que hoy ha visitado en GijónELOY ALONSOEFE

Notas del lunes 13, ni te cases, ni te dejes la luz encendida, ni te apuntes a presidir la mesa de negociación con la Generalitat de Cataluña. Dicen que ha vuelto el Sánchez constitucionalista, los atascos en la ciudad y septiembre entra en ese punto en el las cosas le importan a uno demasiado o demasiado poco. Cuenta Jose Peláez se ha puesto a llover despacio, digo yo que será porque la primavera se levanta de un salto, pero el otoño se acuesta mansamente sobre uno.

Celebran el lunes los vendedores de nubarrones, los viejos de visillo, los pirómanos y los tritones de La Ricarda, que ya parece lo de la Bernarda.  Sánchez tiene un pato de la Laguna de La Ricarda -pongamos que lo llama ‘Curly’-, y sobre ese pato edificó la iglesia de la confusión sanchista en la que anda perdido el independentismo. La parroquia separata pasa el tiempo discutiendo sobre si el sol sale por el Este o por el unilateralismo. A ese ‘babel’ indepe, confeti de hoja de ruta de agenda de reencuentro, el sanchismo lo llama “diálogo entre los catalanes”. Lo ha dicho Miquel Iceta, Ministro de Cultura, bailarín de los siete velos territoriales (aún le quedan seis) y dinamitero de metáforas que ha comparado la mesa de diálogo con la mesa de paz después de la Guerra de Vietnam.

A las calles de Barcelona sale Jordi Cuixart como a un escenario. Esta vez no se sube a los coches, pero anima al Jordismo y levanta los brazos con una energía rockera como de Tina Turner de Santa Perpetua de Moguda. Luego está lo de la Via Laietana, cada vez menos gente pero más cabreada, y los habituales fogonazos de la madrugada de Barcelona. En la comisaría de la Policía Nacional cayeron tantos cócteles que va a abrir sucursal Pedro Chicote.

En un cesto, el presidente guardaba una cobra para hacérsela al Govern y no presentarse a la mesa de diálogo, pero en la Diada andaban quemándole las fotos de la Aragonés y decidió salvar al Soldado Pere. Sánchez, que aprieta pero no ahoga, presidirá la mesa, sabe Dios a cambio de qué. También asistirá Manuel Castells por si suspenden las negociaciones.

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