Las dos batallas catalanas
«ERC, en la historia, siempre antepuso el izquierdismo radical a la independencia»
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Pedro Sánchez deshojará la margarita de si se sienta en la mesa de diálogo catalana hasta el final. Decidirá lo que crea que más le conviene, con la mente claro en los votos del futuro. El presidente solo teme que Cataluña le arruine sus planes. Todo lo demás, también el embrollo de la subida de la luz, está convencido de superarlo. El asunto catalán es diferente, porque los votos que gane por un lado los puede perder por otro. Los «indepes», como demostró la Diada, no van a más, pero están ahí, «encerrados con un solo juguete», como el titulo de aquella novela de Juan Marsé. Père Aragonés, presidente de la Generalitat, ha caldeado verbalmente los ánimos todo lo que ha podido. Justo cuando su «jefe», Oriol Junqueras, y Jordi Sánchez, cada uno por su parte, intentaban tender unos mínimos puentes con los empresarios, indignados –con razón– por el torpedeo a la ampliación del aeropuerto. «Decrecer» es el verbo, tremendo, que explica los delirios «indepes» y radicales. Una visión del mundo que reniega de la riqueza y también del empleo, desde la fe ciega ecologista.

El independentismo ha devenido en un proceso discursivo. Grandes declaraciones, pero ninguna acción. Los líderes «indepes», con Aragonés a la cabeza, eluden cualquier iniciativa concreta que les pueda suponer problemas con la Justicia. Ahora, nadie quiere ir a la cárcel, Habrá bronca con la mesa de diálogo, pero la sangre no llegará al río e incluso puede haber otra oportunidad para el aeropuerto. ERC, no obstante, incluidas sus contradicciones, también lo tiene difícil. Independencia o izquierdismo radical es su dilema. Gabriel Rufián lo explicó antes de la pandemia: «Ser independentista es un estado transitorio, porque ser de izquierdas era lo mismo que ser de izquierdas». La historia, por otra parte, enseña que cuando ERC ha tenido que elegir entre independentismo o izquierdismo radical ha optado por lo segundo. Ahora se llama «decrecer» y explica el boicot a un mayor y mejor aeropuerto. Son las dos batallas catalanas, la «indepe» y la del modelo de «decrecimiento» y pueden pillar en medio a Sánchez.