Pedro «Robin Hood» Sánchez
El recibo es una especie de contenedor que recoge diversos pufos gubernamentales
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Ha sucedido lo previsible con este Gobierno. A problemas complejos se da un golpe de populismo y todo resuelto. No importan las consecuencias, porque se logra ganar tiempo. En lugar de buscar una solución estructural que comporte que el recibo de la luz recoja exclusivamente el coste de nuestro consumo, se ha optado por pegar un sablazo a las eléctricas y les quitarán 2.600 millones de euros. El precio de la luz ha ido subiendo en las últimas semanas como consecuencia del coste del gas, el incremento del consumo y otros factores. Es algo que ha sucedido en el resto de países de nuestro entorno sin que se haya generado este conflicto artificial. El recibo es una especie de contendedor que recoge diversos pufos gubernamentales en lugar de cargarlos a los Presupuestos, que es lo que marca el sentido común y haría un buen experto en Hacienda Pública. En este último aspecto hace años que he llegado a la conclusión de que es imposible que se puedan hacer bien las cosas y no importa el color del gobierno. El político es cobarde por definición y le resulta más cómodo utilizar el recibo.

Una vez constatada la realidad inapelable de que la generación de energía es poco más del 30 % de lo que pagamos, el resto son tasas y peajes. Es decir, una cantidad enorme de miles de millones que ingresa la Hacienda Pública y que enfada a los sufridos empresarios y ciudadanos a los que se quiere convencer con la persistente propaganda gubernamental. Por ello, Sánchez ha irrumpido en nuestras vidas, empujado por Podemos y la presión de una indignada ciudadanía, convertido en un moderno «Robin Hood» dispuesto a robar a los ricos para dárselo a los pobres. El problema es que no hay un rico concreto. Son unas empresas fundamentales para la economía española que dan trabajo a centenares de miles de personas y empresas. No son propiedad de unos oligarcas, sino de un número incontable de inversores grandes, pequeños y medianos que les confían sus ahorros. En gran medida son españoles, pero también hay fondos internacionales que deben contemplar asombrados las excentricidades gubernamentales y la ausencia de diálogo. Les preocupará la inoperancia y la inseguridad jurídica, pero «Robin Hood» ha resuelto su problema a corto plazo y ahora veremos las pésimas consecuencias.